Anecdotas Varias

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Anecdotas 

 Abandono
5
UNA ORACIÓN “DE BOLSILLO”
En Caglio, cerca del lago Como, al norte de Italia, pasan unos días de descanso. El Padre y don Álvaro llegan cansados, breados por un año de trabajo muy exigente y en el que determinadas buenas personas del Vaticano -concretamente, uno- han seguido dando pábulo a esa atmósfera de desconfianza, de diffidenza, contra la Obra, que dura ya demasiado tiempo.
Este año 1971, en los momentos más inclementes, nuestro Fundador repite unas palabras, una especie de oración de bolsillo, que escribió a vuela pluma, para dejarlo todo en las manos poderosas de Dios:
Señor, Dios mío, en tus manos abandono lo pasado, lo presente y lo futuro, lo pequeño y lo grande, lo poco y lo mucho, lo temporal y lo eterno.
Pilar Urbano, El hombre de Villa Tevere

SOY DIOS Y NADA HUMANO ME ES AJENO
Dicen que el Génesis y el Apocalipsis, alfa y omega de la literatura revelada, son metáforas. Y dicen bien, lo son, en cierto modo. ¿Habría otra manera de explicar, para hombres… para niños, la creación y la regeneración del universo cósmico? También Jesucristo -la palabra de Dios que se expresa y se pronuncia con palabrillas y acentos y entonaciones humanas-, para explicar qué inmensa y portentosa cosa es el Reino de los cielos, recurre a la semejanza, a la parábola, al cuentecillo fácil y de remoto parecido… No está, pues, fuera de lugar echar mano a la metáfora y llamar juego divino o jugada maestra de Dios a esa trama que se da entre el cielo y la tierra. Dios mismo tiene declarado que sus delicias son estar con los hijos de los hombres, y que ese deleite es lúdico: ludens in orbe terrarum, Dios juega sobre el orbe de las tierras. Dios se divierte, Dios disfruta, Dios goza… con los gestos y las gestas de los hombres. ¡Dios baila con los hombres!
Cuando Dios mira a su Hijo, Cristo, dice Hombre, y cuando mira a su hijo, hombre, dice Cristo. Si Dios leyera a los clásicos, al echarse a la cara a Terencio -no Epicteto como cita Pilar Urbano- (Soy hombre y nada humano me es ajeno), seguro que sonreiría: Soy Dios y nada humano me es ajeno.
Pilar Urbano, El hombre de Villa Tevere

Aborto

Tono Chang
 Y ahora viene aquí como anillo al dedo, para atemperar la emoción, la bienhumorada historia que hace un momento os prometía y que el Padre refería de un hijo suyo, chino, Doctor en medicina, que trabajaba en una nación americana: Es una cosa verdaderamente original. Fue una indita, empujada por la propaganda diabólica que algún Estado hace en tierras americanas, para decirle que quería abortar. Este médico le aclaraba:
 -¡Esto no se puede hacer, es un crimen! ¡Esto es un asesinato!
 “Yo suscribo que es un asesinato: un asesinato diabólico, porque esa pobre criatura ni siquiera se puede defender…
 Además, para mí, que tengo la fe entera, es privarle del Cielo. Esa criatura, sin recibir el bautismo ¿a dónde irá?. Sacar todas las consecuencias que queráis, porque estáis en lo cierto.
 Cuando vio que no podía con aquella mujer, que se iría seguramente a otro médico, tuvo una moción verdaderamente sobrenatural: algo así como un juicio de Salomón. Le preguntó:
 -¿Cuántos hijos tienes?
 La indita contestó que seis o siete.
 – Y el mayor ¿qué edad tiene?
 – Nueve años.
 -¿Por qué no quieres tener este otro?
 – Porque no les puedo dar de comer.
 Entonces le dijo ese hijo mío:
 – Pues mira, no; a este que te va a nacer, no; pero tráeme al de nueve años, que te lo mataré.
 La mujer se llevó las manos a la cabeza:
 -¡No!, ¡no!

Anécdotas1.PDB

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