Anecdotas1

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Anecdotas1

Abandono
UNA ORACIÓN “DE BOLSILLO”
En Caglio, cerca del lago Como, al norte de Italia, pasan unos días de descanso. El Padre y don Álvaro llegan cansados, brea­dos por un año de trabajo muy exigente y en el que determinadas buenas personas del Vaticano -concretamente, uno- han seguido dando pábulo a esa atmósfera de desconfianza, de diffidenza, con­tra la Obra, que dura ya demasiado tiempo.
Este año 1971, en los momentos más inclementes, nuestro Fundador repite unas palabras, una especie de oración de bolsillo, que escribió a vuela pluma, para dejarlo todo en las manos poderosas de Dios:
Señor, Dios mío, en tus manos abandono lo pasado, lo presente y lo futuro, lo pequeño y lo grande, lo poco y lo mucho, lo temporal y lo eterno.
SOY DIOS Y NADA HUMANO ME ES AJENO
Dicen que el Génesis y el Apocalipsis, alfa y omega de la literatura revelada, son metáforas. Y dicen bien, lo son, en cierto modo. ¿Habría otra manera de explicar, para hombres… para niños, la creación y la regeneración del universo cósmico? También Jesucristo -la palabra de Dios que se expresa y se pronuncia con palabrillas y acentos y entonaciones humanas-, para explicar qué inmensa y portentosa cosa es el Reino de los cielos, recurre a la semejanza, a la parábola, al cuentecillo fácil y de re­moto parecido… No está, pues, fuera de lugar echar mano a la metáfora y llamar juego divino o jugada maestra de Dios a esa trama que se da entre el cielo y la tierra. Dios mismo tiene declarado que sus delicias son estar con los hijos de los hombres, y que ese deleite es lúdico: ludens in orbe terrarum, Dios juega sobre el orbe de las tierras. Dios se divierte, Dios disfruta, Dios goza… con los gestos y las gestas de los hombres. ¡Dios baila con los hombres!
Cuando Dios mira a su Hijo, Cristo, dice Hombre, y cuando mira a su hijo, hombre, dice Cristo. Si Dios leyera a los clásicos, al echarse a la cara a Terencio -no Epicteto como cita Pilar Urbano- (Soy hombre y nada humano me es ajeno), seguro que sonrei­ría: Soy Dios y nada humano me es ajeno.
Aborto

Anécdota.pdb

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