Catalinas

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Catalinas

10. [Dirigiéndose a las mujeres del Opus Dei, refiriéndose a algo que hay que proporcionar a la gente] casi gratuitamente, pero nunca gratis, ¡nada de balde! ((11-III-1930).
13. Querría encontrar una palabra castellana, distinta de “vocación”, que viniera a encerrar un significado semejante. [¿Habrá que denominarlo] llamamiento? (13-III-1930).
**. He de preguntarme muchas veces al día: ¿hago, en este momento, lo que debo hacer? {C772: “Pregúntate muchas veces al día: ¿hago en este momento lo que debo hacer?”.} (13-III-1930).
14. Todas las notas escritas en estas cuartillas son un germen que se parecerá al ser completo, quizá, lo mismo que un huevo al arrogante pollo que saldrá de su cáscara (13-III-1930).
15. ¡Señor! Dame la virtud del orden. (Creo que es virtud fundamental, por eso la pido.) ¡¡Señor!! Dame ser tan tuyo que no entren en mi corazón ni los afectos más santos, sino a través de tu Corazón llagado {F98: “¡Señor!, dame ser tan tuyo que no entren en mi corazón ni los afectos más santos, sino a través de tu Corazón llagado”.}. ¡¡¡Señor!!! ¡Señor! Dame que aprenda a callar (porque de callar no me he arrepentido nunca, de hablar muchas veces) {C639: “De callar no te arrepentirás nunca: de hablar, muchas veces”.}. ¡¡Señor!! Dame que, a sabiendas, no te ofenda nunca ni venialmente. ¡Señor! Dame cada día más amor a la santa pureza, cada día más celo por las almas, cada día más conformidad con tu Voluntad benditísima (13-III-1930).
21. (…) no se trata de una obra mía, sino de la Obra de Dios (24-III-1930).
**. Debo estar convencido de que mi mayor enemigo soy yo mismo (24-III-1930).
22. Ayer, 6 de abril de 1930, al recibir una carta, que iba a resolver algo muy importante para mi vida, creí, cuando comencé a leerla, que no resultaba el asunto como yo deseaba y pedía al Señor. Entonces pensé ir en seguida a la iglesia de esta Casa Apostólica [Patronato de Enfermos] a decir al Amo expuesto en la Custodia: ¡Hágase, Señor, ahora y siempre tu Voluntad! —Seguí leyendo y el asunto marcha, al parecer, favorablemente. Subí, rezamos mamá y yo tres avemarías a la Ssma. Virgen. Volví a la iglesia y sólo supe decir muchas veces, porque soy un miserable: ¡Señor, qué bueno eres! ¡qué bueno! —Y es que verdaderamente no puedo entender cómo El no me ha dado, ¡asqueado!, un golpe definitivo, en lugar de ayudarme y bendecirme tan amorosa y paternalmente como lo hace. Pienso que quizá me ayude así, por mi madre y mis hermanos: y también porque me quiere para su Obra (6-IV-1930) [éxito positivo de las gestiones para permanecer en Madrid].

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