Como hacer oración, Francisco Luna y Luca de Tena

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 Como hacer oración, Francisco Luna y Luca de Tena

INTRODUCCIÓN
 
            En este mundo hay gente para todo. Por eso no debe extrañar que haya quienes vivan al margen de la realidad divina, olvidando que Dios no sólo nos ha dado la vida, sino también que se ha hecho hombre y que ha muerto por nosotros y nos ha querido tanto que desea que nos llamemos hijos de Dios y lo seamos (1 Ioh 3, 1)
 
            Si el hecho de haber sido creados por Dios trae como consecuencia natural que con agradecimiento y con amor nos portemos de acuerdo con su divina voluntad, ese otro hecho de nuestra adopción divina también debe despertar en nuestros corazones la gratitud de los hijos con su padre.
 
            Dios quiere nuestro amor y no estará satisfecho con ninguna otra cosa. Lo que nosotros hagamos no tiene valor fundamental para Dios, porque El puede hacer lo mismo con un solo pensamiento; o con gran facilidad puede crear otros seres que hagan lo mismo que nosotros hacemos, pero el amor de nuestros corazones es algo único que ningún otro puede darle. El podría hacer otros corazones que le amasen, pero una vez que nos ha creado a nosotros y nos ha dado libertad, el amor de nuestro corazón particular es algo que sólo nosotros podemos darle (Boylan).
 
            Dios, como se ve, se empeña en querernos y es su deseo que le correspondamos en la medida de nuestras fuerzas. Por eso cuando nos manifiesta su divina voluntad, lo primero que nos dice, lo primero que nos enseña es: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón (Lev 19, 18), de ahí que resulte encogida y raquítica una vida cristiana que no se fundamente en la práctica del primero de los mandamientos.
 
 
¿SE PUEDE AMAR A DIOS?
 
            El Señor desea que le amemos, y es su voluntad que ese amor crezca. Ahora bien, ¿cómo querer a Dios?, cómo es posible que aumente en nosotros el afecto por El? Los filósofos nos enseñan una verdad que demuestra la experiencia de cada día: no se puede amar lo que no se conoce; por eso no se podría desear a Dios sin conocerlo. Y ¿cómo conocerle sin tratarle en la oración? Así, pues, el amor de Dios está íntimamente ligado a la oración del hombre, de tal modo que podría decirse: quien reza mucho, ama mucho, y quien reza poco, ama poco.
 
            Abundan los que saben que Dios existe, pero no son tantos los que se preocupan de conocerle y de tratarle
íntimamente. De ahí que no falten quienes le tengan poco amor y, por tanto, una vida espiritual fría y sin piedad.
 
            Sin oración no hay o es muy difícil que pueda existir verdadero amor de Dios. Todos los autores espirituales están conformes en afirmar la necesidad de la oración para la vida del alma. Jesucristo Nuestro Señor lo dijo hace veinte siglos: conviene siempre orar (Lc 18, 1), y como quien no se limita a enseñar, nos dio abundantes ejemplos con su conducta. Al recorrer las páginas del Evangelio encontraremos en él multitud de citas en las que se nos explica que el Señor pasó la noche en oración, y otras frases parecidas, en las que aparece el empeño que se tomaba en hablar con su Padre Dios y que han quedado escritas como testimonio de su conducta.
 

COMO HACER ORACION. FCO. LUNA Y.pdb

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