Conclusiones del Sínodo 2005, Benedicto XVI

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Conclusiones del Sínodo 2005, Benedicto XVI

Conclusiones de un Sínodo: final del Año de la Eucaristía
El pasado 23 de octubre concluyó el Sínodo dedicado a la Eucaristía. Ofrecemos las palabras de Benedicto XVI en la concelebración de clausura del Sínodo y el mensaje final de este encuentro en Roma con el que culmina el Año de la Eucaristía.
 
Vatican Information Service
26 de octubre de 2005
 
 
 
1. El Papa clausura el Sínodo y el Año de la Eucaristía
2. Mensaje final del Sínodo de los Obispos
 
1. EL PAPA CLAUSURA EL SINODO Y EL AÑO DE LA EUCARISTIA
 
 
 
Durante la concelebración eucarística del pasado 23 de octubre, Benedicto XVI clausuró el Sínodo de los Obispos sobre la Eucaristía y el Año dedicado a este sacramento, y proclamó a cinco santos, los primeros de su pontificado.
 
En la homilía, hablando del obispo polaco San Jozef Bilczewski (1860-1923), el Papa dijo que “fue un hombre de oración” y que “el profundo conocimiento de la teología, la fe y la devoción eucarística han hecho de él un ejemplo para los sacerdotes y un testigo para todos los fieles”.
 
También el santo polaco Zygmunt Gorazdowski (1845-1920), presbítero, fundador de la Congregación de las Hermanas de San José, “se hizo famoso por la devoción basada en la celebración y en la adoración eucarística. Vivir la ofrenda de Cristo lo condujo a los enfermos, pobres y necesitados”.
 
El Santo Padre señaló que el sacerdote jesuita chileno San Alberto Hurtado Cruchaga (1901-1952), “quiso identificarse con el Señor y amar con su mismo amor a los pobres. (…) En el amor y entrega total a la voluntad de Dios encontraba la fuerza para el apostolado. Fundó El Hogar de Cristo para los más necesitados y los sin techo, ofreciéndoles un ambiente familiar lleno de calor humano. En su ministerio sacerdotal destacaba por su sencillez y disponibilidad hacia los demás”.
 
Del sacerdote italiano San Gaetano Catanoso (1879-1963), fundador de la Congregación de las Hermanas Verónicas del Santo Rostro, el Papa subrayó que “la misa cotidiana y la frecuente adoración del Sacramento del altar fueron el alma de su sacerdocio: con ardiente e incansable caridad pastoral se dedicó a la predicación, a la catequesis, al ministerio de las confesiones, a los pobres, a los enfermos, al cuidado de las vocaciones sacerdotales”.
 
Benedicto XVI se refirió al final a San Felice de Nicosia (1715-1787), religioso italiano, de la Orden Franciscana de los Frailes Menores Capuchinos, que fue “austero y penitente, fiel a las más genuinas expresiones de la tradición franciscana. (…) El nos ayuda a descubrir el valor de las pequeñas cosas que enriquecen la vida, y nos enseña a percibir el sentido de la familia y del servicio a los hermanos, mostrándonos que la alegría verdadera y duradera, a la que aspira todo ser humano, es fruto del amor”.

ConclusionesSinodo2005.pdb

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