D- Alvaro Salvador Bernal

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D- Alvaro Salvador Bernal

PRESENTACIÓN

Capítulo 1 : Inesperada llamada de Dios

Capítulo 2 : Hogar cristiano

Capítulo 3 : La primera juventud

Capítulo 4 : Algunas aficiones

Capítulo 5 : Ingeniero

Capítulo 6 : La guerra de España

Capítulo 7 : En Madrid y desde Madrid

Capítulo 8 : Horas de dificultad

Capítulo 9 : Sacerdote

Capítulo 10 : En Roma

Capítulo 11 : De Pío XII a Juan Pablo I

Capítulo 12 : Concilio Vaticano II

Capítulo 13 : La muerte del fundador del Opus Dei

Capítulo 14 : La herencia de un espíritu

Capítulo 15 : El relevo en la paternidad

Capítulo 16 : Afan de almas

Capítulo 17 : Expansión apostólica

Capítulo 18 : Prelado del Opus Dei

Capítulo 19 : Pastor prudente y recio

Capítulo 20 : La beatificación de Josemaría Escrivá

Capítulo 21 : Ante la cultura y la opinión pública

Capítulo 22 : La ordenación episcopal

Capítulo 23 : El cariño de Juan Pablo II.

Capítulo 24 : Tiempo mariano

Capítulo 25 : Gracias a Dios

Capítulo 26 : El encuentro definitivo con la trinidad

 

PRESENTACIÓN

 En la madrugada del 23 de marzo de 1994 fallecía en Roma Mons. Alvaro del Portillo, Obispo Prelado del Opus Dei. Conocí la noticia en Madrid unos minutos después de las nueve de la mañana. Cuando me quise dar cuenta, estaba escribiendo un artículo que debería entregar a un diario de la capital de España antes de las cinco de la tarde. En medio de la urgencia, afloraban en mí las mismas sensaciones que tuve el 26 de junio de 1975, cuando murió Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer. Incluso, escribía palabras semejantes, como comprobé al encontrar el comentario periodístico que había publicado casi veinte años atrás con el título “Convertir las lágrimas en oración”.

 “Se llora cuando alguno muere, y se siente dolor y el corazón se aflige, y todo se vuelve amargura”, proclamaba en sus Confesiones San Agustín, gran conocedor de los contrastes del corazón humano y de la incapacidad de las cosas creadas para colmar las ansias de felicidad. No encontré un modo mejor para describir mis sentimientos aquella mañana de marzo. Esa impresión se agudizaba al tomar conciencia de que no volvería a ver la estampa amable de un hombre ue, gastado en mil batallas, derrochó cariño a manos llenas y nunca perdió la juventud del amor.

 Había pasado muchas horas a su lado, desde 1976 hasta muy poco antes de su fallecimiento: junto con otras personas, le acompañé bastantes veranos, en tiempos de trabajo y descanso, lejos de sus actividades ordinarias en Roma; y acudí con relativa frecuencia a la Ciudad Eterna, para ocuparme de tareas encomendadas por el Prelado del Opus Dei. Sentí muy pronto la necesidad de dar a conocer la figura afable y recia de Alvaro del Portillo, que había deseado esconderse, hasta desaparecer tras el Fundador del Opus Dei, de quien fue “fidelísimo hijo y sucesor”, según reza la oración para su devoción privada.

 En octubre de 1976, vieron la luz mis Apuntes sobre la vida del Fundador del Opus Dei, que alcanzaron una amplia difusión. Por eso, al presentar ahora un libro sobre don Alvaro del Portillo, deseo advertir a los lectores que intento describir su personalidad a partir de mis recuerdos y vivencias, sin perjuicio lógicamente de mencionar otros hechos y datos objetivos. Mi información se agrupa en torno a momentos decisivos en la biografía de don Alvaro, inspirada y apoyada en secuencias de las que soy testigo presencial.

 

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