El silencio del Kremlin, Tom Clancy

El link para descargar gratis está al final, debajo de los detalles del libro.


El silencio del Kremlin, Tom Clancy

PRÓLOGO

Viernes, 17.50, San Petersburgo

–Pável –dijo Piotr Volodia–, no lo entiendo.

Pável Odina apretaba fuertemente el volante. Miraba incómodo al hombre que se sentaba junto a él en la furgoneta.

–¿Qué es lo que no entiendes, Piotr?

–Si perdonas a los franceses –respondió Piotr rascándose una ensortijada patilla–, ¿por qué a los alemanes no? Ambos han invadido la madre Rusia.

Pável frunció el ceño.

–Si no ves la diferencia, Piotr, eres idiota.

–Eso no es una respuesta –manifestó Iván, uno de los cuatro hombres que se sentaban detrás.

–Es verdad –afirmó sonriendo Eduard, que estaba sentado junto a él–, pero Iván tiene razón, eso no es una respuesta.

Pável cambió de marcha. Esa era la parte que más odiaba del trayecto de media hora que hacían cada noche hasta los apartamentos Nepokorennij Prospekt. A sólo dos minutos del museo del Ermitage, tenían que aminorar la marcha al acercarse al embotellamiento que solía producirse en el puente sobre el río Neva. Quedaban sumidos en la densidad del tráfico mientras sus rivales políticos pasaban a toda velocidad.

Pável sacó un cigarrillo escrupulosamente liado del bolsillo de la camisa y Piotr se lo encendió.

–Gracias, Piotr.

–Aún no me has contestado –recordó Piotr.

–Lo haré –prometió Pável– cuando lleguemos al puente. No puedo pensar y maldecir al mismo tiempo.

Pável realizó un brusco viraje para pasar del carril central al izquierdo y los hombres salieron disparados hacia el lado opuesto. Oleg y Konstantin, que se habían quedado dormidos al salir del Ermitage, se despertaron sobresaltados.

–Eres demasiado impaciente, Pável –dijo Iván–. ¿Por qué tienes tanta prisa en llegar a casa?, ¿por tu mujer? ¿Desde cuándo?

–Muy gracioso –replicó Pável.

Lo cierto es que no tenía prisa por acceder a ninguna parte. Estaba impaciente por liberarse de aquella presión, por llegar de una vez a esa fecha límite que les agobiaba sin tregua desde hacía meses. Ahora que casi se había cumplido el plazo, ardía en deseos por volver a diseñar software de animación por ordenador para los estudios cinematográficos Mosfilm.

Volvió a cambiar de marcha y se escabulló zigzagueando entre hileras de pequeños Zporozhets–968, con sus rugientes motores de cuarenta y tres caballos, y los más grandes Volga M–124 de cinco asientos. También había un gran número de matrículas de coches extranjeros, aunque sólo los conducían funcionarios del gobierno y traficantes del mercado negro, pues no se hallaban al alcance de cualquiera. Sus camaradas y él no podrían conducir ni siquiera esa furgoneta si el estudio de televisión no se la hubiera proporcionado. El poderoso vehículo de fabricación suiza era lo único que añoraría.

Clancy_T_22_El Silencio Del Kremlin (Op-Center II).zip

El silencio del Kremlin, Tom Clancy
2.8 (55%) 4 votos


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *