Equilibrio de poder, Tom Clancy

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Equilibrio de poder, Tom Clancy

Lunes, 16.55 hs. Madrid, España

–Perdiste por completo los estribos –dijo Martha Mackall. Estaba francamente disgustada con la joven que viajaba a su lado y tardó un momento en calmarse. Luego acercó los labios a la oreja de Aideen para que los otros pasajeros no escucharan–. Perdiste los estribos e ignoraste los límites. Sabes muy bien qué es lo que está en juego aqui. Es imperdonable distraerse de esa manera.

La escultural Martha Mackall y su delgada asistente Aideen Marley viajaban agarradas del pasamanos, cerca de la puerta delantera del ómnibus. Las mejillas redondas y plenas de Aideen se tornaron casi tan rojas como su larga cabellera, mientras desgarraba con aire ausente la toallita de papel que apretaba en la mano derecha.

–¿Estás en desacuerdo? –preguntó Martha.

–No –dijo Aideen.

–Pero… ¡Dios santo, Aideen!

–Dije que no –repitió la chica–. No estoy en desacuerdo. Me equivoqué. Me equivoqué absoluta y completamente.

Aideen estaba convencida de lo que decia. Se habia dejado llevar por el impulso en una situación que probablemente tendria que haber ignorado. Pero, al igual que la desmesurada reacción de Aideen unos minutos antes, la reconvención de Martha era excesiva y punitoria. En los dos meses transcurridos desde que Aideen se habia integrado a la Oficina Política y Económica del Op–Center, los otros tres miembros del staff le habian advertido más de una vez que evitara hacer enojar a la jefa.

Ahora entendia por qué.

–No veo qué necesitabas probar –prosiguió Martha. Seguia hablándole al oido. Habia un matiz de furia en su voz–. Pero no quiero que vuelvas a hacerlo, nunca más. No mientras salgas conmigo. ¿Entendido?

–Si–dijo Aideen con tono contrito. Dios, pensó, basta ya. Repentinamente, recordó un seminario sobre lavado de cerebro al que habia asistido en la embajada norteamericana de la ciudad de México. Los prisioneros eran apremiados por sus captores en los momentos de mayor debilidad emocional. La culpa era siempre un modo de acceso particularmente eficaz. Se preguntó si Martha habria estudiado la técnica o si era algo natural en ella. Y casi inmediatamente se preguntó si estaba siendo justa con su jefa. Después de todo, ésta era su primera misión conjunta para el Op-Center. y se trataba de una misión importante.

 

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