Homilía, El Camino Real

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Homilía, El Camino Real

Un autor espiritual se pregunta, con justa preocupación, si es oportuno, en nuestros días, insistir exclusivamente sobre aquel perfeccionamiento humano que el Cristianismo lleva consigo necesariamente si se vive con profundidad y entrega. Y yo quiero decirte amigo mío, recogiendo este grito de alarma, que acaso lo que más caracterice al mundo de hoy sea su carencia de sentido teológico.
Ahora que estás a solas con Dios para meditar, bajo su mirada, vuelve a pensar en tu personal experiencia, en tu vida con los demás, en las reacciones de los demás ?y en las tuyas propias?, en sus actividades ?y en las tuyas? ante los valores espirituales y ante las inevitables pruebas de la vida, y ante tantos acontecimientos como interesan a la Iglesia y en los cuales se están jugando problemas que ponen en serio peligro el bien de las almas. ¿No te parece que muchos cristianos ?y que acaso también tú? no consideran la grandeza de Dios y de su Iglesia? ¿No te parece que en muchas inteligencias cristianas se va apagando el sentido teológico? ¿No es verdad que en el modo de obrar y de hablar de muchos cristianos se llega incluso a menospreciar ese «sentido de la cruz» que tan íntimamente unido va siempre al sentido teológico?
Tú y yo sabemos bien que para ver a Dios hace falta morir: Deum nemo vidit unquam, a Dios nadie lo vio nunca. Algo semejante ocurre en nuestra vida interior. Para ver a Jesús y para conocerlo en la oscuridad luminosa de la fe, para vivir con Él en intimidad cada vez mayor, hace falta que aprendamos a morir para nosotros mismos. Tenemos necesidad de sentido teológico, tenemos necesidad del «sentido de la cruz»: ubi crux ibi Christus, donde está la cruz, allí está Cristo.

EL CAMINO REAL.pdb

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