Homilía, El Peligro de las Cosas Buenas

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 Homilía, El Peligro de las Cosas Buenas

En las santas misas de los domingos posteriores a Pentecostés son frecuentes los fragmentos extraídos del Evangelio de San Lucas. Uno de ellos, en el segundo domingo después de Pentecostés, nos invita a meditar la parábola de la gran cena (Lc 14-15). Es consolador escuchar de labios de Jesús palabras como cena, invitaciones, invitados… Son palabras familiares: y su misma cotidianidad induce a acercarse, con ánimo sencillo, pero con vivo deseo de penetración, a esta misteriosa página.
Procuraremos ?como siempre hemos hecho en estas consideraciones de ascética? hacer lo más transparente posible el velo que, en toda parábola del Señor, encubre su sencilla y profunda belleza: parecen animarnos a ello desde la misma página del Evangelio, las palabras de Cristo: Qui potest capere, capiat, que comprenda el que pueda comprender. Son una invitación a que nos apoyemos sobre el esfuerzo, a que empleemos toda la atención de nuestra mente y todo el impulso del corazón; pero, al mismo tiempo, son una advertencia, porque, para las almas espirituales sensibles, las palabras del Señor tienen siempre acentos de desafío, perspectivas de riesgo: riesgo de ulteriores empresas espirituales y apostólicas que han de afrentarse, para una vida más fecunda y, en definitiva, más alegre y más serena.

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 Homilía, El Peligro de las Cosas Buenas
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