Homilía, La Cizaña y el Buen Trigo

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Homilía, La Cizaña y el Buen Trigo 

Estos días he releído la parábola de la cizaña en el campo, y me han impresionado particularmente algunas palabras del Señor: Cum autem crevisset herba et fructum fecisset, tune apparuerunt et zizania (Mt 13, 26), cuando la hierba creció y dio fruto, apareció también la cizaña. Un hombre bueno había sembrado ya en su campo buen trigo cuando su enemigo llegóse allí a escondidas y arrojó cizaña en medio del sembrado.
En nuestra meditación ante la presencia del Señor, nos detendremos sobre esas pocas palabras que acabamos de citar: nos detendremos a contemplar esa cizaña que brota entre el buen trigo y pasaremos a considerar cómo en nuestra alma, el mal despunta también sobre el bien y entre el bien. Esas breves palabras nos dejan advertidos y nos invitan a estar atentos, a vigilar, para que no suceda que convirtamos en mal el bien que hay en nosotros, el bien que hemos realizado o que venimos realizando, o lo echemos a perder con el mal que sobrevenga.
Las palabras de Jesús expresan una realidad de la cual tenemos íntima y personal experiencia. En nuestra alma y en nuestra vida, como en el campo de la parábola, el mal despunta sobre el bien y entre el bien. Y hemos de emplearnos tenazmente y vivir con espíritu de vigilancia, para que, en nuestro propio ser, no destruya, disminuya o corrompa el bien. Adentrémonos, a la luz de la doctrina ascética, en nuestra personal experiencia ?experiencia de cristianos que desean vivir cristianamente? para ver cómo se repite, en nuestra vida, esa dolorosa realidad a la que alude la parábola.

LA CIZAÑA Y EL BUEN TRIGO.pdb

Homilía, La Cizaña y el Buen Trigo
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