Homilía, La Esperanza Cristiana

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Homilía, La Esperanza Cristiana

Entre las virtudes que dejan más profunda huella en el ánimo humano, que de modo más manifiesto influyen sobre la vida y el obrar de los hombres, está la virtud cristiana, teologal, de la esperanza. Un mismo hombre, en efecto, según viva bajo el hálito de la esperanza o yazca bajo el peso de la desesperación, se nos presenta -y es de verdad- como un gigante o como un pigmeo. En nuestra convivencia y en nuestro trato con los hombres somos cada día testigos -no sin sorpresa ni pena- de estas sorprendentes transformaciones; pues quizá más que ningún otro nuestro siglo adolece de la carencia de esta virtud. ¡Cuántas filosofías, cuántas actitudes, cuántos estados anímicos de los hombres de nuestro tiempo ahondan sus raíces en almas sin esperanza, que se debaten entre la angustia y el miedo, una angustia que nada puede desatar, un miedo que nada puede alejar!
La verdad, amigo mío, es que el hombre no puede vivir sin esperanza. La esperanza es la llamada del Creador, principio y fin de nuestra vida, al cual ninguna criatura humana puede escapar; es la voz del Redentor que desea ardientemente la salvación de todos los hombres (qui vult omnes homines salvos fieri, que quiere que todos los hombres se salven): nadie puede, sin perder la paz del alma, negarse a escucharla; es la profunda nostalgia de Dios, que Él mismo dejó en nosotros ?como don maravilloso? tras haber llevado a cabo, para cada uno de nosotros, aquellas inefables «obras de sus manos» que, en el lenguaje de los teólogos, se llaman Creación, Elevación y Redención.

LA ESPERANZA CRISTIANA.pdb

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