Homilía, Vida Interior

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Homilía Vida Interior

Santo Tomás vio ya, en su mente excelsa, que todos los bienes de la naturaleza se esfuman si se comparan al menor de los bienes sobrenaturales, y expresó tal concepto, en forma metafísica, cuando dijo que: Bonum unius gratiae maius est quam bonum naturae totius universi, que un solo bien de la gracia es mayor que todo el bien de toda la naturaleza. Un escritor contemporáneo, imbuido asimismo de la grandeza de este sentimiento, ha expresado el mismo concepto en forma psicológica: Dios nuestro Señor ?ha dicho? se ocupa más de un corazón en el que puede reinar, que del régimen natural de todo el Universo físico y del gobierno de todos los imperios del mundo.
Pues hoy quiero hablarte de ese Reino de Dios, donde el Señor encuentra sus delicias; de ese Reino de Dios que está dentro de nosotros, de ese Reino de Dios que es tan admirable como desconocido.
El corazón de los hombres es como una cuna en la que Jesús vuelve a nacer; y por eso en todos los corazones que han querido recibirlo, el mismo Jesús, aunque de modos distintos, crece en edad, en sabiduría y en gracia. Jesús no es igual en todos, sino que, según son las capacidades del que lo recibe, Él se manifiesta diversamente en la vida de los hombres, bien como un niño o como un adolescente en pleno desarrollo, o como un hombre maduro.
Reinar, nacer y crecer en el corazón y en la vida del cristiano es el deseo de Cristo, que quiere, de ese modo, hacer de cada cristiano ?de ti, de mí? alter Christus, otro Cristo. Y a esa llamada de la gracia, a esa invitación de Jesús, todos deberemos responder repitiendo las palabras del Precursor: Opgrtet Illum crescere, me autem minui: conviene que El crezca y que yo disminuya.

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