Juegos de Patriotas, Tom Clancy

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Juegos de Patriotas, Tom Clancy

1   Un día de sol en Londres

Ryan estuvo a punto de morir dos veces en el término de media hora. Algunas cuadras antes de llegar a destino, hizo detener al taxi en que viajaba. Era un día claro y hermoso y el sol ya estaba bajo en el horizonte azul. Ryan había permanecido horas sentado en sillas de madera de respaldo recto y tenía ganas de caminar un poco para desentumecerse. Había relativamente poco tráfico en las calles y no demasiada gente caminando por las aceras. Eso le resultó sorprendente, pero se preparó para lo que sucedería durante la hora pico de la tarde. Decididamente esas calles no habían sido trazadas para la cantidad de automóviles que ahora circulaban y Ryan estaba seguro de que el caos de la tarde sería algo digno de ver. La primera impresión de Jack con respecto a Londres fue que debía de ser una ciudad excelente para recorrerla a pie, y avanzaba con su habitual paso ágil, herencia de su permanencia en la Infantería de Marina, y marcaba inconscientemente el paso golpeando contra una pierna el borde de una tablilla con sujetapapeles que llevaba en la mano.

Al llegar a la esquina y ver que no había tráfico, se apresuró a cruzar. Automáticamente miró primero a la izquierda, después a la derecha y por fin de nuevo a la izquierda, tal como lo había hecho siempre desde la infancia, y entonces bajó a la calle…

Y casi fue atropellado por un ómnibus colorado de dos pisos que pasó casi rozándolo a apenas sesenta centímetros de distancia.

—Discúlpeme, señor —al volverse Ryan se topó con un policía, y recordó que en Inglaterra esos agentes del orden reciben el nombre de “guardias”. El oficial vestía uniforme completo, incluyendo el casco al más puro estilo Mack Sennet. —Le ruego que tenga cuidado y que cruce por las esquinas. También le aconsejo que repare en las señales pintadas en el piso que le indican si debe mirar a derecha o izquierda. Nosotros tratamos de no perder demasiados turistas a causa del tráfico.

—¿Y cómo sabe que soy turista? —En ese momento lo sabría por el acento de Ryan.

El policía sonrió con aire paciente.

En primer lugar porque miró hacia el lado equivocado, señor, y además porque se viste como un norteamericano. Le vuelvo a rogar que tenga cuidado. Buenos días.

—Y el agente se alejó haciéndole un saludo amistoso con la cabeza, mientras Ryan se quedaba pensando por qué lo catalogaba como norteamericano su traje nuevo de tres piezas.

Caminó hasta la esquina, con la sensación de haber sido reprendido. Un cartel junto con una flecha para los disléxicos indicaba que debía mirar HACIA LA DERECHA. Esperó que cambiaran las luces del semáforo y cruzó cuidadosamente por las líneas pintadas de blanco. Se recordó que tendría que prestar especial atención al tráfico, sobre todo a partir del viernes, día en que pensaba alquilar un auto. Inglaterra era uno de los últimos lugares del mundo donde se manejaba por la izquierda, al contrario de los demás países. Estaba seguro de que le costaría acostumbrarse.

Pero todo lo demás lo hacen bastante bien, pensó, apresurándose a sacar conclusiones después de sólo un día de estada en Gran Bretaña. Ryan era un buen observador, y con unas cuantas miradas se pueden sacar muchas conclusiones. Caminaba por un barrio comercial y de profesionales, los que paseaban por allí estaban mejor vestidos que sus colegas norteamericanos, aparte de los jovencitos punk con sus pelos parados y teñidos de anaranjados y de rojos. Allí la arquitectura era un mezcolanza que iba desde Octavio Augusto a Mies Van der Rolde, pero la mayoría de los edificios exhibía ese aspecto antiguo y cómodo que en Washington o en Baltimore habrían sido reemplazados por una hilera interminable y sin alma de nuevos cajones de vidrio. Ambos aspectos de la ciudad se amoldaban perfectamente con la buena educación y las buenas maneras de los habitantes. Para Ryan esas eran vacaciones combinadas con trabajo, pero la primera impresión le hacía pensar que, a pesar de todo, le resultarían sumamente agradables.

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