La demostración de Dios, Rober Spaemann

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La demostración de Dios, Rober Spaemann

 

        La noción de Dios está presente allá donde hay hombres. A veces también de forma desfigurada. Por primera vez esta noción fue planteada de modo conceptual en la filosofía griega y también por primera vez en Israel perdió su índole de noción y se convirtió en una experiencia de fe comunitaria hasta que más tarde en el mismo Israel aparece Jesús de Nazaret y dice: “El que me ha visto a mí ha visto al Padre”. Sin embargo, la cuestión subsiste hasta nuestros días, retadora: ¿Se corresponde esa noción con algo real? Sabemos lo que pensamos cuando decimos “Dios”. Es verdad que tenemos, como dice Kant, una idea pura de este altísimo ser, un “concepto que contiene y corona toda la experiencia humana”; pero ¿por qué tenemos que creer que esa noción se corresponde con una “realidad objetiva”, como dice también Kant? ¿Qué razón tenemos para creer que Dios es algo más que una idea, y en qué nos fundamos  para creer que existe?

        Respuestas se han dado varias, desde la negación atea hasta la postura agnóstica -que niega la posibilidad de dar respuesta a la cuestión de Dios-, pasando por la afirmación de quienes piensan que hasta ahora no se ha encontrado ninguna respuesta suficientemente satisfactoria. Todas estas posturas, aunque erróneas, merecen respeto, pues ante todo responden a convicciones humanas -no porque sean verdaderas, sino porque hay personas que se identifican con ellas -.

        Sin embargo, no merece respeto alguno la opinión -hoy extendida, y en gran parte no articulada con claridad- de que la respuesta a esta cuestión no es demasiado importante, sino que, muy al contrario, hay otras inquietudes más relevantes que son las que realmente nos mueven, de manera que no vale la pena dedicar nuestro tiempo a reflexionar sobre Dios. A su tiempo -cuando éste se nos acabe- podremos confirmar si existe Dios y si hay una vida después de la muerte. Que una persona sea decente en ningún caso depende de que crea en Dios o no -continúa esa argumentación-. En definitiva, también los suicidas islámicos creen en Dios, y justamente esa fe les lleva a cometer su atrocidad.

Speaman – La demostración de Dios–.pdb

La demostración de Dios, Rober Spaemann
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