La Educación de la Afectividad

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La Educación de la Afectividad 

Un equilibrio adecuado. El caso de Mario

Recuerdo una anécdota que se desarrolló durante el segundo plato de la comida de un caluroso día de campamento.

El muchacho que tenía a mi izquierda –Mario– prefirió no servirse carne, pero lo compensó poniéndose prácticamente todas las patatas fritas que había en la fuente, que no eran pocas. Al instante, comenzaron las protestas de los chicos que aún no se habían servido, al ver que con toda probabilidad se iban a quedar sin patatas fritas.

No habría pasado de ser un sencillo conflicto infantil inmediatamente olvidado, si no fuera por el diálogo que siguió. Ante la leve llamada de atención que hice a su actitud, Mario, con gran naturalidad y un tono un tanto ingenuo, contestó: “es que no me gusta la carne”.

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La Educación de la Afectividad
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