La fortaleza de los débiles con el poder del espíritu, Antonio Fuentes Mendiola

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La fortaleza de los débiles con el poder del espíritu, Antonio Fuentes Mendiola

“Dios eligió lo necio del mundo
para confundir a los sabios,
y lo débil del mundo
para confundir a los fuertes”
(1Cor 1,27)
 
INDICE:
INTRODUCCIÓN
I. UNA EXPERIENCIA SINGULAR
II. HACIA METAS MÁS ALTAS
III. EL CAMINO DE LA FORTALEZA
IV. LA ESPERANZA DE LLEGAR
V. CON EL PODER DEL ESPÍRITU
 
INTRODUCCIÓN
 
   La buena nueva que Jesús de Nazaret anunció hace veinte siglos, sigue desafiando en su sencillez la lógica de los hombres. ¿En qué cabeza cabe que el Maestro proclame en el Sermón de la Montaña felices a los pobres, a los que sufren, a los que pasan hambre? Una auténtica paradoja, al igual que todo el Evangelio. Se nos invita a perder para ganar, a bajar para subir, a servir para reinar, a morir para vivir. Más aún. Dios elige a los necios según el mundo para confundir a los sabios, a los débiles para sorprender a los fuertes, a los que son nada para avergonzar en su prepotencia a los que se creen algo.
   Cuesta aprender la lección. Todavía hay quienes se creen fuertes y poderosos porque gozan de salud, de medios económicos, de prestigio o influencia social. Cegados por su ambición, no se dan cuenta de que carecen de lo más esencial: de la paz y el sosiego que reclama su alma. Creen poseerlo todo, pero en realidad les falta esa dimensión interior que hace al hombre justo y honrado, fuerte ante el dolor y firme en la adversidad. La salud de la que hoy gozan, mañana pueden perderla. Lo mismo que el dinero: un cambio de coyuntura económica da al traste con años de duro esfuerzo. Aferrarse a lo material es vivir en una permanente inseguridad. Lo que hoy con tanta ilusión acariciamos, mañana puede desaparecer sin dejar rastro.13
   Ningún bien económico, por importante que sea, logra satisfacer el hambre de felicidad que llevamos dentro. Ni los avances de la ciencia, ni los progresos de la medicina, ni el impulso de la tecnología, librarán al hombre de sus inquietudes y temores. Sin embargo, nos aferramos al dinero, al placer o al éxito como si fueran la panacea universal. Todo un espejismo.
No somos felices por lo que tenemos o ambicionamos. Si no que se lo pregunten a esa legión de yuppies rebosantes de “éxito”, atiborrados de poder

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La fortaleza de los débiles con el poder del espíritu, Antonio Fuentes Mendiola
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