La Historia de Jesucristo, R. L. bruckberger.

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La Historia de Jesucristo, R. L. bruckberger.

P R E F A C I O

Santo Tomás de Aquino, queriendo determinar a qué institutos religiosos hay que

preferir, concede la palma a los que unen la enseñanza a la contemplación: Mains est

contemplata aliis tradere, quam solum contemplari. Tal es el propósito de los Frailes

Predicadores y el del R. P. Bruckberger.

Ha leído y releído los Evangelios; ha meditado todos sus capítulos, sin desdeñar

tampoco las demás partes de la Biblia. Ha practicado el ministerio apostólico y ha adquirido

un conocimiento vivo de la mentalidad de nuestros contemporáneos. Para éstos es para

quienes ha escrito.

La Historia de Jesucristo no es el comentario de una sinopsis cuyo primer cuidado

fuera colocar cada detalle de los Evangelios en un orden cronológico sabiamente

estructurado. El R. P. Bruckberger ha elegido lo que le ha parecido más importante, lo que

mejor permite comprender la significación de ese hecho, único e increíble, de la vida de un

Dios hecho hombre. La Encarnación es un misterio; pero la vida terrena de Jesús, Dios

encarnado, pertenece a la historia. La han contado cuatro escritores, dos de los cuales han

vivido en la intimidad de Aquel de quien hablan, mientras que los otros dos relatan lo que

han sabido de oídas, Marcos y Lucas, el primero más espontáneo en la reproducción de los

detalles oídos, el segundo escribiendo con cuidado de historiador, declarado desde el

preámbulo de su evangelio.

El papa Pío XI proclamó, con su acostumbrado vigor, que los cristianos somos

espiritualmente los herederos del pueblo hebreo. El R. P. Bruckberger no ha temido escribir

que el cristianismo es más judío que el judaísmo moderno, pues ha guardado, en Jesús, “de

una manera sacramental y real”, el sacerdocio, la profecía, el mesianismo personal, el

Apocalipsis, la Promesa.

Jesús ha sido víctima de los fariseos, cuyo legalismo había criticado a menudo. Pero

tras la ruina de Jerusalén en el año 70, los fariseos aseguraron la supervivencia del pueblo

judío, procurando a los Dispersos una doctrina oficial. El templo de Jerusalén no volvió a

levantarse y las reuniones semanales en las sinagogas no recuerdan en nada el culto

cotidiano de antaño.

La continuidad del pensamiento religioso del Antiguo Testamento ha quedado

asegurada por la Iglesia cristiana. Pero primero hizo falta que Jesús destruyera en los que le

rodeaban el mito de un Mesías liberador, que pondría fin a la ocupación romana. Esta idea

estaba tan poderosamente enraizada entre sus compatriotas que, en la misma mañana de la

Ascensión, los apóstoles preguntaron a su divino Maestro si no iba a “restablecer el reino de

Israel”.

La Iglesia primitiva hubo de liberarse después de las pretensiones de los que querían

imponer a los neófitos venidos del paganismo las observancias rituales de los libros de la

Ley. El R P. Bruckberger ha establecido muy bien la ruptura entre el judaísmo tradicional de

los contemporáneos de Nuestro Señor y el judaísmo posterior, cuya doctrina unitaria y

prácticas legales inspiraron al autor del Corán.

LA HISTORIA DE JESUCRISTO

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Varias veces, en el curso de su exposición, alude a acontecimientos de que hemos sido

testigos para hacernos comprender mejor los episodios relatados por los evangelistas; por

ejemplo, cuando recuerda con emoción la movilización de 1914, que dio lugar a que los

franceses abandonaran al momento sus familias, sus casas y sus campos para responder a la

llamada de la patria, justificando la inesperada decisión de los hijos del Zebedeo al dejar a

su padre y sus redes para seguir a Jesús.

Otro ejemplo es el de la situación de Francia en el curso de la segunda guerra

mundial, y de la obligada colaboración del gobierno con los poderes ocupantes. Nos ayuda a

comprender la psicología del pueblo judío y de su minoría dirigente durante los últimos días

de la vida terrenal de Jesús, cuya muerte estuvo condicionada por el inevitable conflicto entre

el realismo político del Sanedrín y la esperanza que animaba al pueblo.

La mitad del volumen del R. P. Bruckberger está consagrado a las jornadas decisivas

de la Semana Santa, que igual merecía llamarse la “Semana terrible”, porque en ella hubo un

vuelco total, desde el triunfo del domingo de Ramos a la tragedia de la Pasión. El programa

de esos capítulos se propone en términos que conviene citar: “Diré que quiso libremente

morir de mala muerte; diré por qué quiso morir así. Diré que quisieron matarle, que por fin

le mataron; diré que quisieron que muriera con la muerte de los esclavos rebeldes, con la

muerte de los blasfemos. Diré por qué le quisieron matar así. Diré cómo se produjo todo eso,

y que, en el punto en que estaban las cosas entre sus adversarios y él, era difícil que fuera de

otro modo.”

Al comienzo de su capítulo sobre el Jueves Santo, el R. P. Bruckberger recuerda las

palabras de san Juan diciendo que Jesús debía morir por su nación, pero también para llevar

a la unidad a los hijos de Dios que están dispersos. La última Cena es la base del

ecumenismo. Al final del banquete ritual de la Pascua judía fue cuando Jesús dio a los suyos,

con solemnidad única, el precepto de la caridad mutua, que ha de caracterizarles a través de

los siglos. Jesús, nacido bajo la Ley, quiso obedecer a la Ley hasta el fin. En los momentos

más penosos del proceso que le hicieron los jefes de su pueblo, nunca habló contra las

autoridades legítimas.

Cuando se trata de Herodes, a quien no se dignó responder Jesús, aunque había

hablado con todos, pobres y ricos, pescadores del lago y pecadoras públicas, se da una

advertencia a aquellas contemporáneos nuestros que caen en la frivolidad, “ceguera de

alma” sordera de corazón”, para quienes no hay más calamidad que el aburrimiento.

Los hombres de nuestro tiempo son como los paganos del tiempo de san Pablo:

“desprovisto de esperanza en un mundo sin Dios”. Para dar un sentido a su vida, haría falta

que consintieran en volver a ocupar el lugar que les corresponde en un mundo donde nada se

justifica, sino en Dios, que volvieran a aprender a adorarle y a darle gracias por toda lo que

existe.

El R. P. Bruckberger quiere anunciar y al mismo tiempo explicar a nuestros

contemporáneos, en su propio lenguaje, la buena noticia, tan extraordinaria, de Jesús

crucificado. Deseo que muchos tomen su libro en la mano, por estar persuadido de que en él

hallarán provecho, creyentes o incrédulos, con tal que vayan de buena fe.

EUGÈNE, cardenal TISSERANT,

de la Academia Francesa

París, 21 de marzo de 1965.

TABLA DE CONTENIDOS

PREFACIO……………………………………………………………………………………………………… 3

ÍNDICE DE MATERIAS ……………………………………………………………………………………. 5

NOTA PRELIMINAR ………………………………………………………………………………………… 7

PRIMERA PARTE……………………………………………………………………………………………. 9

EL HIJO DEL HOMBRE………………………………………………………………………………. 10

LA PROFECÍA CONSIDERADA COMO TRAGEDIA ……………………………………… 16

LOS MILAGROS O EL SELLO DEL REY ……………………………………………………… 23

SEGUNDA PARTE ………………………………………………………………………………………… 34

LA ANUNCIACIÓN……………………………………………………………………………………… 34

LA VISITACIÓN………………………………………………………………………………………….. 40

NAVIDAD…………………………………………………………………………………………………… 44

LA CIRCUNCISIÓN…………………………………………………………………………………….. 50

LA PRESENTACIÓN EN EL TEMPLO………………………………………………………….. 54

EL PECADO ORIGINAL………………………………………………………………………………. 58

SÚBDITO DE LA LEY …………………………………………………………………………………. 67

EL PRECURSOR ……………………………………………………………………………………….. 71

LA TEOFANÍA DEL JORDÁN………………………………………………………………………. 77

EL DUELO CON SATANÁS…………………………………………………………………………. 81

EL REINO DE DIOS……………………………………………………………………………………. 98

LA IGLESIA EN CIERNES…………………………………………………………………………. 107

EL CUERPO Y LAS ÁGUILAS …………………………………………………………………… 129

EL CONFLICTO ……………………………………………………………………………………….. 151

EL APOCALIPSIS CRISTIANO ………………………………………………………………….. 169

TERCERA PARTE……………………………………………………………………………………….. 183

LA HORA DE CRISTO HA LLEGADO ………………………………………………………… 183

EL DOMINGO DE RAMOS………………………………………………………………………… 194

EL JUEVES SANTO………………………………………………………………………………….. 199

EL VIERNES SANTO………………………………………………………………………………… 213

EL SÁBADO SANTO…………………………………………………………………………………. 283

CUARTA PARTE …………………………………………………………………………………………. 292

LA RESURRECCIÓN………………………………………………………………………………… 293

LA ASCENSIÓN……………………………………………………………………………………….. 336

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