La Oración, S. Alfonso María de Ligorio

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La Oración, S. Alfonso María de Ligorio

 

 

 

INTRODUCCION
Varias son las obras espirituales que he publicado. Citaré las “Visitas al Santísimo Sacramento y a María Santísima”, “LaPasión de Cristo” y “Las Glorias de María” Escribí también otra obrita contra los materialistas y deistas, y otras, no pocas, sobre varios temas devotos y espirituales, más, tengo para mí, que no he escrito hasta ahora libro más útil que éste que trata de la oración, porque creo que es el medio más necesario y seguro para alcanzar la salvación y todas las gracias que ella acarrea. Y tengo esto tan cierto que, si me fuera posible, quisiera lanzar al mundo tantos ejemplares de esta obra cuantos son los cristianos que en la tierra viven. A todos gustosamente se la regalaría: a ver si por fin llegan a entender todos la necesidad que tenemos de la oración para salvamos.
Hablo así, porque veo, por una parte, la absoluta necesidad que tenemos de la oración, según doctrina repetida en las sagradas Escrituras y en los libros de los Santos Padres; y por otra, el poco cuidado que los cristianos tienen en practicar este gran medio de salvación.
Y hay aún otra cosa que me aflige todavía más. el ver que los predicadores y confesores hablan muy poco de esto a sus oyentes y a las almas que dirigen, y que los libros piadosos que andan hoy en manos de los fieles no tratan con bastante insistencia de este importantísimo tema. Sin embargo creo yo que predicadores, confesores y libros de ninguna otra cosa debieran tratar con más extensión que de este asunto de la oración. Continuamente están inculcando otros excelentes medios para que las almas se conserven en gracia de Dios, tales como la huida de las ocasiones, la frecuencia de los sacramentos, el oir la palabra de Dios, el meditar las verdades eternas y muchos otros más. ¿Quién niega que sean todos ellos utilísimos para ese fin? Pero pregunto yo a mi vez: ¿Y para qué valen los sermones, las meditaciones y tantos otros medios que largamente exponen los maestros de la vida espiritual sin la oración, pues que de ella ha dicho el Señor que es tan necesaria que no concederá sus gracias a aquellos que no rezan? Pedid y recibiréis he ahi su solemne y divina afirmación.
Sin oración, según los planes ordinarios de la providencia, inútiles serán las meditaciones, nuestros propósitos y nuestras promesas. Si no rezamos seremos infieles a las gracias recibidas de Dios y a las promesas que hemos hecho en nuestro corazón. La razón de esto es que para hacer en esta vida el bien,para vencer las tentaciones, para ejercitarnos en la virtud, en una sola palabra, para observar totalmente los mandamientos de Dios, no bastan las gracias recibidas ni las consideraciones y propósitos que hemos hecho, se necesita sobre todo la ayuda actual de Dios y esta ayuda actual no la concede Dios Nuestro Señor sino al que reza y persevera en la oración. Lo probaremos más adelante. Las gracias recibidas, las meditaciones que hemos concebido sirven para que en los peligros y tentaciones sepamos rezar y con la oración obtengamos el socorro divino que nos Preserva del pecado, mas si en esos grandes peligros no rezamos, estamos perdidos sin remedio.
Quise, amado lector, poner por delante estas solemnes afirmaciones que luego en otras páginas demostraré para que des de antemano gracias a Dios, el cual, al poner en tus Manos este libro mío, parece que quiere hacerte comprender la importancia de este gran medio de la oración. Lo llamo gran medio de la oración, porque, todos los que se salvan, si son adultos, ordinariamente por este medio se salvan. Da por tanto gracias al Señor, porque a aquellos a quienes les da luces para entender y practicar la oración, obra con ellos misericordiosamente.
Abrigo la esperanza, hermano mío amadísimo, que cuando hayas terminado de leer este librito, no serás perezoso en acudir a Dios con la oración si te asaltan tentaciones de ofenderle. Si entras en tu conciencia y la hallas manchada con graves culpas, piénsalo bien y verás que el mal te vino porque dejaste de acudir a Dios y no le pediste su poderosa ayuda para vencer las tentaciones que asaltaban tu alma. Déjame por tanto que te suplique que leas y releas con toda atención estas páginas no porque son mías, sino porque aquí hallarás el medio que el Señor pone en tus manos para alcanzar tu eterna salvación. Así te manifiesta por este camino que te quiere salvar. Y otra cosa te pediré y es que después de leerlo procures por los medios que estén a tu alcance que lo lean también tus amigos, vecinos y cuantos te rodean.
Dicho esto… comencemos en el nombre del Señor.

 

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La Oración, S. Alfonso María de Ligorio
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