La Virtud de la Fortaleza, Tomás Trigo

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La Virtud de la Fortaleza, Tomás Trigo

Tomás Trigo
1.     Concepto teológico de la virtud de la fortaleza
1. 1. Enseñanzas de la Sagrada Escritura sobre la fortaleza
En la Sagrada Escritura se emplean diversos términos para expresar el concepto de fortaleza. En griego: dynamis, isjis, krátos; en latín: fortitudo, virtus, vis.
La diferencia fundamental entre la fortaleza bíblica y la fortaleza de la filosofía antigua es el carácter religioso y teocéntrico de la primera.
La fortaleza en la filosofía griega se entiende como fuerza de ánimo frente a las adversidades de la vida, como desprecio del peligro en la batalla (andreía); como dominio de las pasiones para ser dueño de uno mismo (kartería); como virtud con la que el hombre se impone por su grandeza (megalopsychía). En todo caso, se considera que el hombre sólo posee sus propias fuerzas para librarse de los males y del destino.
Antiguo Testamento
En el Antiguo Testamento, la fortaleza aparece como una perfección o atributo divino. Dios manifiesta su fuerza liberando a su pueblo de la esclavitud de Egipto. Después del paso del mar Rojo, los israelitas entonan un canto triunfal en el que atribuyen a Yahvéh la victoria: «Tu diestra, Yahvéh, relumbra por su fuerza; tu diestra, Yahvéh, aplasta al enemigo» (Ex 15, 6). En los Salmos, son muchos los lugares en los que se canta la fortaleza de Dios (Sal 21, 2; 21, 14; 93, 1; 118, 14; 147, 5).
De la fortaleza divina participa el pueblo de Israel y cada uno de sus miembros en la lucha por alcanzar la tierra prometida y cumplir la Ley, de modo que la fortaleza se considera como un don de Dios: «Yahvéh, mi roca, mi baluarte, mi liberador, mi Dios, la peña en que me amparo, mi escudo y cuerno de mi salvación, mi altura inexpugnable y mi refugio, mi salvador que me salva de la violencia» (2 Sam 22, 2-3); «En Dios sólo el descanso de mi alma, de él viene mi salvación; sólo él mi roca, mi salvación, mi ciudadela, no he de vacilar» (Sal 62, 2-3); «A los que esperan en Yahvéh él les renovará el vigor, subirán con alas como de águilas, correrán sin fatigarse y andarán sin cansarse» (Is 40, 31). Es Dios el que da la fuerza al pueblo (cfr Dt 8, 17; Jue 6, 12) y combate por él (2 Re 19, 35; 2 Crón 20, 5).

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