Mi Angel, Carlos Molinero

El link para descargar gratis está al final, debajo de los detalles del libro.


 Mi Angel, Carlos Molinero

 
            El niño estaba tumbado en su cama, con la mano extendida hacia arriba y jugando con sus dedos, como si fueran guardias de tráfico que dirigen las motas de polvo que iban y venían por el haz de luz que se colaba en su cuarto a través de las rendijas de la persiana cerrada. Y volvió a entrar su Madre.
-¡Miguel, que te levantes! Es la tercera y última vez que vengo a decírtelo. O te levantas o te echo un vaso de agua fría encima.
Aunque para Miguel su Madre era mayor, para el cómputo de la sociedad se diría que era una mujer de mediana edad. Y para los ojos de Miguel su Madre era la más guapa, la más alta y la mejor; y aquí daba igual el cómputo de la sociedad.
            -Pero, Mamá… Si estoy de vacaciones. ¿No me puedo quedar un poco más?
            -¡El poco más fue hace más de una hora! Son las once de la mañana y no te quiero ver todo el verano holgazaneando. ¡Venga, arriba! -Lo dijo con los brazos en jarra y dejando bien clara su autoridad. Aunque sus ojos marrones demostraban más bien simpatía y comprensión.
            Y aunque los ojos de su Madre le demostraban comprensión, viendo el resto de su cuerpo Miguel no tuvo más remedio que retirar las sábanas con los pies. Empezó a levantarse lentamente mientras que bostezaba y se estiraba. Metió los pies dentro de las zapatillas de casa y se fue acercando a la puerta. Las mangas de la camisa del pijama, heredado de su hermano mayor, le sobresalían y ya había cogido la costumbre de agarrar los extremos de las mismas para reguardar sus puños de la diferencia de temperatura entre su cama y la dura realidad, como él la llamaba, al levantarse.
            -¿Pero es que no vas a rezar? -le preguntó la Madre.
            -Se me ha olvidado -se excusó Miguel.
            Se dio la vuelta, se puso de rodillas en el suelo, apoyando los brazos en la cama, y se santiguó rápidamente. Musitó una oración que su abuela le había enseñado, según él hace mucho tiempo, y con la mano a medio sacar de sus largas mangas del pijama echó un beso sonoro hacia una imagen de la Virgen que colgaba de la pared. En unos segundos ya estaba otra vez de pie andando hacia la puerta y sorteando la cama de su hermano mayor. Éste dormía en el mismo cuarto desde siempre, aunque solía levantarse antes.
            -Mamá, ¿puedo desayunar viendo la tele? -Para él eso era sinónimo de que estaba de vacaciones
            -No. Desayunas en la cocina como hemos hecho todos. Además así me acompañas mientras friego los platos y hago la comida -terminó diciendo, para suavizar el mandato.
            Miguel no era muy alto para su edad. Es más, se diría que era más bien bajito. Aunque claro, con seis años era difícil saber si sería grande o pequeño. Al acercarse al marco de la puerta de su cuarto se paró, apoyó la espalda, estirándose todo lo que pudo sin levantar los talones para no hacer trampas, y se midió con la mano, poniéndola encima de la cabeza y haciendo el recorrido desde el pelo que estuviera más levantado hasta el resto de marcas que había dibujadas en la madera.
            -Mamá, creo que he crecido esta noche.
            -Lo dudo mucho, hijo -le dijo la Madre empezando a caminar hacia la cocina-. Aunque hubieras crecido no lo notarías.
            -No, Mamá. En el colegio me ha dicho un amigo que si se duerme mucho se crece más rápido. Además estoy más alto que la última raya que hice.
            -Para crecer hay que comer y hacer deporte; no estar todo el día tumbado. Así lo único que consigues es ser un gordo -le dijo su Madre esbozando una sonrisa.
            Su dormitorio, junto con el resto de dormitorios, estaban en un extremo de la vivienda, y se unían a la sala de estar y la cocina por un pasillo de unos pocos metros totalmente recto en donde la única puerta que había era la del cuarto de baño del piso; que fue donde se metió para hacer pis.

Mi+Ángel.pdb

Vota si te ha resultado útil


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *