Orar, Romano Guardini

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Orar, Romano Guardini

O Dios, Creador

Y padre de vida, tu nos has dado una vida temporal para que crezcamos y nos perfeccionemos en ella. Tú la has puesto en nuestras manos para que nosotros la dirijamos con sentido y después nos pedirás cuentas de cómo la hemos usado. Pero también nos has dado otra vida, la cual despierta a la hora decretada por tu misericordia antes de la prueba de la revelación. Esta, viene desde la eternidad y nos es dada por medio del Espíritu Santo, dador de vida. Esta vida también la has puesto en nuestras manos. Nosotros debemos mantenerla intacta, pero también debemos derrocharla; debemos sufrir para crecer y madurar, pero también desatenderla y dejarla caer en la ruina. Y llegara el tiempo en el que se nos pidan cuentas de cómo la hemos usado. Hazme saber siempre, O Señor, que esta vida santa esta siempre conmigo. Hazme creer que es más real que la vida temporal. La concesión que yo siento de la divinidad preciosa, la cual tiene el último significado de nuestra existencia. Dame seriedad en todo lo concerniente a la fe. Enséñame qué necesita para existir y ser provechosa. Hazme saber su fuerza y su debilidad. Sí con el tiempo mis sentimientos cambiasen, y con ello el pensamiento humano y, no el divino, mantenga mi fe, enséñame a comprender este cambio. Yo estaré firme a la concesión que traerán las pruebas, de tal manera que mi fe se mantenga y madure, como tu, O Gobernador de vida, tal como lo has decretado. Amén.

Romano Guardini

En Cristo

Se nos revela la profundidad de la vida escondida de Dios. Su naturaleza, habla y su hacer está lleno de la realidad del Santo Uno. Pero de esa realidad emergen figuras vivientes: el Padre en su omnipotencia y benevolencia; el Hijo en su verdad y su amor verdadero; y entre ellos desinteresadamente el Espíritu. Es un misterio que sobrepasa en conocimiento; y el peligro de poner reparos es grande. Pero yo no quiero un Dios bajo los límites de mi pensamiento y pintado por mi propia moda. Yo quiero el Dios real, y saber que él sobrepasa las aspiraciones de mi pensamiento. Por ello yo creo en tu misterio, Dios viviente, y Cristo, quien no miente y lleva el testimonio a él. O Dios creo en tu vida trina. Por tu interés yo creo en ello, desde tu misteriosa verdad. Si es alguna vez abandonada tu imagen se pierde en el mundo. Pero por nuestro interés, también, yo creo en ello, O Dios, por la paz de tu eterna vida debe llegar a ser nuestra morada. Nosotros somos tus hijos, O Padre; tus hijos e hijas, O Dios Hijo, Jesucristo; y tu, Espíritu Santo son nuestro amigo y profesor. Esta es la eterna vida que está ordenada hacia nosotros. Nuestra esperanza va a ella. Manténme, O Dios, en la luz que nuca extingue y brilla tan distante y me atraviesa con su santidad. Amén.
                                                   
        Romano Guardini

Cuando Nuestro Señor Jesucristo

Estaba con sus discípulos la última noche y les da la más extrema prueba de su amor, el promete no dejarles solos, sino que les enviara a otro amigo, el verdadero-dador Espíritu. Y entonces tu vienes en el rugido y en las llamas de Pentecostés, y estás con nosotros ahora. Tú diriges a cada uno de nosotros por el camino de la salvación. Tú diriges el imperio de Dios a través de la oscuridad y la confusión en todos los tiempos. Y, a pesar de todo lo que ocurre tu traes el trabajo de la nueva creación, que sólo será revelada cuando el Señor vuelva de nuevo a juzgar a vivos y muertos. O Dios Uno, tu nos has sido dado a través del Espíritu. Tú estas con nosotros en cualquier éxito y te mantienes a nuestro lado en las dificultades. Y nosotros tenemos una nueva vida siempre que tu nos la des nuevamente. Y nosotros te suplicamos que nos llenes para la misión con que el Hijo te envió. Toma, O Espíritu de Jesucristo, lo que es tuyo y dámelo a mí, que debe ser mío. Permite que tu luz brille sobre mí y sepa reconocer su verdad. Ata mi corazón a la fidelidad en la fe, de tal manera que no pueda moverme de ella. Y enséñame a amar, ya que sin amor la verdad muere. Este amor no reside en nuestro amor que tenemos nosotros a Dios, sino en el amor que él nos tiene. Convence a mi corazón del amor que me tiene y dame la fuerza para amarle de moda que yo more en él y él more en mí. O Espíritu tu elevas la nueva creación en el viejo mundo; lléname de confianza en tu poder Santo. No es por motivo terrenal, y entre las fuerzas y deseos de la tierra aparece a menudo la debilidad y la tontería. Y da a mi corazón la gloria de la salvación de Dios Hijo. O Espíritu Santo, nuestro Señor vive en ti y en tu poder ha vencido al mundo. Pero el mundo es en nosotros nuestro egoísmo, ceguera, y tontería en el corazón. Tómalo en tu poder, prepáralo y ábrelo, de tal manera que pueda vivir en nosotros y nosotros en él. Amén.

        Romano Guardini

 

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