Panico Nuclear, Tom clancy

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Panico Nuclear, Tom clancy

PRÓLOGO

LA FLECHA ROTA

«Como el lobo en el redil.» Al describir el ataque sirio del sábado, 6 de octubre, efectuado a las 14.00 hora local contra los Altos del Golán, defendidos por los israelíes, la mayoría de los comentaristas recordó la célebre frase de Lord Byron. Por otra parte, probablemente eso era lo que habían pensado los comandantes sirios aficionados a la literatura, cuando ultimaron una operación que arrojaría contra los israelíes más tanques y armas que cuantos hubieran podido soñar los generales de Hitler.

Sin embargo, las ovejas que el Ejército sirio encontró en aquel sombrío día de octubre se parecían más a cornamentados carneros en celo que a los dóciles ovinos de los versos pastorales. Las dos brigadas israelíes del Golán, aunque superadas en número en razón de nueve a uno, eran unidades de élite. La Séptima Brigada, que defendía la zona norte del Golán, apenas cedió; su red de defensa constituía un delicado equilibrio de rigidez y flexibilidad. Los puestos fortificados individuales resistieron con bravura, canalizando las penetraciones sirias por desfiladeros rocosos, donde el enemigo podía ser dividido y aniquilado por grupos de blindados israelíes, que acechaban tras la línea Púrpura. Al segundo día, cuando empezaron a llegar los refuerzos, la situación aún estaba dominada… pero a duras penas. Al terminar el cuarto día, el ejército de tanques sirios que había caído sobre la Séptima Brigada yacía ante ella, convertido en chatarra humeante.

La Brigada Barak (Rayo), que defendía las alturas del sur, tuvo menos suerte. Allí el terreno no era tan propicio para la defensa; además, en esa zona los sirios parecen haber contado con mandos más inteligentes. En pocas horas la Barak fue partida en varios fragmentos. Aunque cada uno demostraría luego ser tan peligroso como un nido de víboras, las puntas de lanza sirias aprovecharon las aberturas y avanzaron hacia el objetivo estratégico: el mar de Galilea. La situación que se desarrolló en las treinta y seis horas siguientes fue la prueba más grave afrontada por el Ejército israelí desde 1948.

Los refuerzos empezaron a llegar al segundo día. Fue preciso lanzarlos de a poco a la zona de batalla: cubrieron posiciones, bloquearon rutas, e incluso recogieron unidades que se habían separado en la desesperada tensión del combate v. por primera vez en la historia de los israelíes, huían ante la ofensiva árabe. Sólo al tercer día consiguieron los israelíes armar su puño blindado para envolver primero y aplastar después las tres profundas penetraciones sirias. El cambio a operaciones ofensivas se produjo sobre la marcha. Los sirios se vieron empujados hacia atrás, hacia su propia capital, por un feroz contraataque, y entregaron un campo sembrado de tanques con-sumidos por el fuego y hombres quebrados. Al terminar ese día, los soldados de la Barak y la Séptima oyeron por radio un mensaje del Alto Mando de las Fuerzas Defensivas Israelíes:

«VOSOTROS HABEIS SALVADO AL PUEBLO DE ISRAEL.»

Y era cierto. Sin embargo, salvo en las academias militares, fuera de Israel suele olvidarse esta batalla épica. Como en la guerra de los Seis Días de 1967, las espectaculares operaciones efectuadas en el Sinaí fueron las que provocaron el entusiasmo y la admiración del mundo: el punteo del canal de Suez, la batalla de la Granja «China», la maniobra de rodeo del Tercer Ejército egipcio. Sin embargo, la lucha en el Golán había sido crucial, a que estaba mucho más cerca de la patria. Empero, los supervivientes de esas dos brigadas sabían bien lo que habían hecho: sus oficiales pudieron regocijarse con la idea de que, entre los militares profesionales conocedores de la habilidad y el valor necesarios para semejante resistencia, la batalla por los Altos sería recordada a la par de las Termópilas, Bastogne y Gloucester Hill.

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