Peligro Inminente, Tom Clancy

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Peligro Inminente, Tom Clancy

SITUACIÓN

El salón estaba desierto. El Despacho Oval ocupa el extremo sudeste del ala oeste de la Casa Blanca. Tiene tres accesos: uno desde la oficina de la secretaria privada del Presidente, otro desde la cocina, que, a su vez, da paso al estudio presidencial, y el tercero desde un pasillo, frente a la entrada del Salón Roosevelt. El despacho es de medianas dimensiones para tratarse de tan alto funcionario: es común escuchar a los visitantes decir que esperaban algo más grande. El escritorio presidencial está colocado frente a gruesas ventanas de policarbonato, a prueba de balas, que distorsionan el panorama de los jardines. La madera viene del HMS Resolute, una nave británica que se hundió en aguas de Estados Unidos alrededor de 1850. Los estadounidenses la salvaron y devolvieron al Reino Unido, y la reina Victoria agradeció el gesto con un escritorio hecho con maderas de roble de la nave. Al haber sido construido en una época en que la talla de los hombres era menor que la actual, fue necesario aumentar su altura durante la presidencia de Reagan. El escritorio se veía atestado de carpetas y memorandos sobre diversos asuntos de Gobierno; encima de la pila estaba la agenda de audiencias del día; había, además, un teléfono interno, otro externo con varias líneas y un tercero de aspecto común, aunque en realidad era un aparato sumamente complejo utilizado para conversaciones de alta seguridad.

El sillón presidencial, hecho a medida del usuario, tenía un respaldo alto, reforzado en su interior con láminas de kevlar –un producto «Du Pont» más fuerte y liviano que el acero– para brindar protección adicional en el caso de que los proyectiles disparados por algún demente lograran perforar las ventanas reforzadas. Desde luego que durante las horas hábiles había una decena de agentes del Servicio Secreto de guardia en ese sector de la mansión presidencial. La mayoría de las personas sólo tenía acceso a través de un detector de metales –que estaba muy a la vista– y todos bajo la atenta vigilancia de las penetrantes miradas de los agentes, cuya misión no era mostrarse amables sino proteger la vida del Jefe del Estado. Cada uno llevaba una pistola de grueso calibre y estaba instruido para ver en todo y en todos una posible amenaza para Domador. Ése era el nombre en clave del Presidente: fácil de pronunciar y de reconocer en un circuito de radio.

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