Quedate conmigo, Vivir la Eucaristía

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Quédate conmigo. Vivir de la Eucaristía

 
Introducción
 
Hace ya algún tiempo el capellán de un colegio realizaba un sencillo examen a unas niñas que iban a recibir sacramentalmente al Señor por vez primera. Les preguntaba si sabían la comunión espiritual, una extendida oración dirigida a fomentar los deseos de recibir a Jesús Sacramentado. Dice así: Yo quisiera, Señor, recibiros con aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre, con el espíritu y fervor de los santos.
La chica cometió un delicioso error y dijo: Yo quisiera, Señor, recibiros con aquella pureza, humildad y emoción con que…
También nosotros debiéramos emocionarnos alguna vez, al menos, al recibir a Jesús, al contemplarlo en la Custodia o en el Sagrario. Allí, mudos de emoción, deberíamos experimentar ese «asombro eucarístico», como lo ha llamado el Papa Juan Pablo II. ¡Jesús vivo, allí mismo, a poca distancia de nosotros, con el oído atento a nuestras palabras! ¡Tan «a mano»!
A todos nos ha llenado de alegría que el Papa proclamara este año como un tiempo especialmente dedicado a amar y a agradecer que Jesús se haya querido quedar con nosotros. ¡Gracias, Jesús!, le diremos muchas veces desde el fondo de nuestro corazón. También será un año para desagraviar por las ofensas que recibe en la Sagrada Eucaristía y por todos los pecados del mundo, por los nuestros también. ¡Tantos!
Dentro del año eucarístico tiene singular relieve ese día de la semana, el jueves, en que, desde muy antiguo, los buenos cristianos han querido honrar a Jesús sacramentado por ser el día en el que el Señor instituyó el sacramento de nuestra fe.
 
 

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