Rasgos de buena amistad, Salvador Bernal

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Rasgos de buena amistad, Salvador Bernal

 
Cuando escribí en 1976 Apuntes sobre la vida del Fundador del Opus Dei titulé tiempo de amigos el capítulo cuarto, a continuación del dedicado al mo­mento fundacional de 1923. Quería relatar cómo la historia de los comienzos del Opus Dei se puede compendiar como historia de los amigos de su Funda­dor. A la vez, esas páginas apasionadas expresarían un rasgo de la personalidad de Josemaría Escrivá de Balaguer su honda capacidad de amistad[1]. Reflejaban la técnica que había elegido al elaborar mi tato, como explicaba en la presen­tación: llegar a un perfil basado en hechos y datos históricos, sin orden crono­lógico; sucesos y escritos de épocas diversas se aproximaban y entremezclaban con libertad, para apuntaren rápidos trazos los rasgos del Fundador que; eh ca­da capítulo, quería destacar.
 
Recordaba entonces que, cuando llegó a Madrid, en 1927 la mayor par­te sus amigos quedaba en Aragón y en La Rioja Algunas familias, conocidas de la suya vivían en la capital de España. Después del 2 de octubre de 1928, esas relaciones de amistad —junto a las qué surgían con ocasión de su trabajo sacerdotal, sus tareas de enseñanza en la Academia Cicuéndez y las clases particulares que se veía obligado a dar— fueron el campo en que fructifico la se­milla de la llamada cristiana al Opus Dei. Día a día infatigablemente dedican­do su mejor tiempo a la oración, acompañado por la plegaria y el sufrimiento de los enfermas de los hospitales. el Fundador llevó adelante su misión: con los amigos, con los amigos de los amigos. Don Josemaría Escrivá no dejaba de ro­gar a las personas que se confesaban con él que le facilitaran nombres de ami­gos que pudieran participar en su apostolado. Los miembros del Opus Dei de aquellos años, cuando evocaban la llamada de Dios, solían referirse siempre al amigo que les presentó al que había de ser para ellos auténtico Padre.
 
No está de más matizar desde el primer momento que no forzaba las co­sas. En concreto nunca transformó la amistad en mero instrumento de apostolado. Dios se sirvió de su capacidad de enlazar coda gente para que vinieran al Opus Dei sus primeros seguidores. Pero abundan también los nombres —in­cluso de personas a las que acompañaba con su dirección espiritual, según la terminología clásica— a los que no habló del Opus Dei, o se limitó a rogarles que rezaran por él y por su misión apostólica. Ante todo, fur amigo de sus amigos.
 
 
 

BERNAL, S. Rasgos Buena Amistad.pdb

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