Reflexiones sobre la Amistad

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– Nueva Pentecostés de la que nos habla el Padre. Fe en las palabras del Padre: nihil hoc Verbo veritatis verius, se puede decir análogamente.
 
– Potencialidad enorme de la Obra: Big Bang que comienza en Mapas.
 
– Como Directores: el primer proselitismo es cuidar de las personas que el Señor a puesto en nuestras manos. Cada una de nuestras acciones tiene un doble o triple efecto: considerar cuál es, para cada decisión que tomemos como Directores, el efecto que ese acto tiene para el proselitismo. Cada acto tiene que tener una relación con el proselitismo clara, directa, y permanente. 
 
– La labor de gobierno es proselitismo porque la hacemos labor de amistad y confidencia. La amistad lleva a la confidencia y sin confidencia no hay amistad: la fórmula de “amistad y confidencia” es casi un pleonasmo (buscado por nuestro Padre).
Estamos constantemente enseñando a nuestros hermanos, mientras gobernamos, cómo se hace amistad: ellos tienen que saber que nosotros tratamos a muchos amigos; y, por otro lado, se dan cuenta de que estamos ejerciendo con ellos ese mismo apostolado de amistad: hacemos proselitismo con ellos (cuando los llevamos por un plano inclinado, cuando los impulsamos, cuando los corregimos con fuerza y cariño… ellos asimilan cómo se acercan las almas a Dios).
 
– Mucho de esto se hace a través la convivencia. La convivencia genera la confidencia (que así no resulta postiza). La amistad acrecienta y facilita la autoridad.
 
– La antropología cristiana habla de tres elementos constitutivos de la verdadera amistad (Santo Tomás).
 
1) Éxtasis: “salir fuera” de uno mismo, poner el yo entre paréntesis; acto de donación, de entrega, que lleva a la abnegación. Nuestro Padre habla de la delicadeza en el trato mutuo, la buena educación, el amor a la libertad.
Uno de los rasgos más sólidos de la personalidad es la capacidad de adaptarse a los demás (hacerse todo para todos de San Pablo): exige rectitud, renuncia, cambio de tareas y aficiones lícitas, etc.
Nuestro Padre: no buscamos amigos nuestros, sino de Dios. “Quiere servirse de nosotros –de nuestro trato, de esa capacidad nuestra de querer y de hacernos querer [subrayo este hacernos querer ]­– para seguir haciendo Él amigos en la tierra, como se sirvió de Juan el Bautista para encontrar al otro Juan, que iba a ser el amigo predilecto”.
 
2) Inhesión: conocer al amigo por dentro, sus pensamientos y sus sentimientos: deseo de conocer qué pasa a mi amigo, y él quiere conocer mi interior. La inhesión es mutua. Necesita un clima natural de sinceridad. Éste es un punto fundamental tanto para el apostolado como para la labor de gobierno. Esto quiere decir también abrir nuestra vida interior (con prudencia y audacia), en las confidencias.
 
¡A meterse en la vida de los demás! Camino 973.

Amistad Llano.pdb

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