Rikki Tikki Tavi, Kipling Rudyard

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 Rikki Tikki Tavi, Kipling Rudyard

Ésta es la historia de la gran guerra que Rikki-tikki-tavi sostuvo, con su solo esfuerzo, en los cuartos de baño del gran bungalow, en el acantonamiento militar de Segowlee.  Ayudóla Darzee, el pájaro tejedor, y  Chuchundra, el almizclero, que no anda nunca por en medio del piso, sino que se arrastra arrimado a las paredes, fue quien la aconsejó; mas Rikki-tikki llevó todo el peso de la encarnizada lucha.

 

Era una mangosta, muy parecida a un diminuto gato en la piel y en la cola; pero mucho más semejante a una comadreja por la cabeza y por las costumbres.

 

Los ojos y el extremo de su inquieto hocico teníalos de color rosa;  podía rascarse donde se le antojara con cualquiera de sus patas que  quisiera usar, fueran las anteriores o las posteriores; sabía enderezar la  cola poniéndola de modo que pareciera un escobillón, y su grito de guerra  mientras se deslizaba por la hierba era: Rikk-tikk-tikki-tikki-tchick.

 

Un día, una de las grandes avenidas del verano llevósela de la madriguera en que vivía con sus padres, y la arrastró, pateando y cloqueando  como una gallina, hasta una zanja abierta al borde de un camino. 

Encontró allí un hacecillo de hierbas que flotaba en el agua y se cogió a él; así permaneció hasta que perdió el sentido.  Al volver en sí estaba echada al sol en mitad de uno de los caminillos de un jardín, muy mal cuidado, por cierto, y un niño decía junto a ella:

-Aquí hay una mangosta muerta.  Vamos a enterrarla.

-No –dijo su madre-. Vamos a llevarla adentro para secarla.  Tal vez no

esté muerta aún.

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Rikki Tikki Tavi, Kipling Rudyard
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