Saber Estar, Acerca del Respeto, José Pedro Manglano Castellary

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Saber Estar, Acerca del Respeto, José Pedro Manglano Castellary

 

Reconocimiento de lo que hay *
a) Unas realidades *
b) Un escenario *
c) Un argumento *
Las fuerzas que desajustan *
El yo aplastado por la realidad *
El yo servil *
El yo enajenado *
El yo humillado *
El yo que aplasta la realidad *
El yo cretino *
El yo sensual *
El yo manipulador *
De tú a tú con la realidad *
Admirar *
Disfrutar *
Potenciar-Servir *
El sentimiento de seguridad *
El sentimiento de seguridad *
Para crecer en respeto *
Facilidad para el cambio *
Rodearse de buenos consejeros *
Arrepentimiento *
No poner entre las cuerdas a la verdad *
Atentos a la curiosidad *
Una realidad especial: la persona *
El primer respeto: a uno mismo *
 

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Saber Estar, Acerca del Respeto, José Pedro Manglano Castellary 

Cuando Alicia se introduce en la pequeña madriguera siguiendo al pequeño conejo vestido con un elegante chaleco, aparece, tras una larguísima caída, en el País de las Maravillas. ¡Qué sorpresa la suya! De repente se ve en un mundo fantástico, desconocido para ella. Para ella, claro, pero no absolutamente nuevo: allí estaba antes de caer en él.
Lógicamente, lo primero que hace Alicia es observar. Así, poco a poco, descubre en aquel nuevo escenario una extraordinaria variedad de realidades que lo pueblan: personajes, lugares, objetos, fauna, vegetación… todos algo singulares, y por supuesto, distintos a los que hasta entonces conocía: la Oruga sabia, el curioso Cerdo, la tremenda Tortuga y la extraña Langosta… la mágica seta, el jardín fantástico. Enseguida se da cuenta de que situarse no es cuestión de minutos. Todo eso que ha conocido está vivo, y ¡caramba! necesita saber cosas de su pasado, las relaciones entre unos y otros, las normas de funcionamiento… y las misteriosas fuerzas que se esconden en el brebaje del frasquito determinado que le hace disminuir de tamaño repentinamente, o en el pastelito misterioso que dilata y dilata su cuerpo hasta tener que sacar los brazos por las ventanas de la habitación, o en la gran seta con rarísimos poderes.
No es más que un cuento. Está claro. Pero solo en un cuento resulta posible entrar de golpe en un mundo. ¿Quién recuerda su entrada en el planeta Tierra? Es tan poco a poco, tan progresiva, que no gozamos de la experiencia del impacto. Mafalda dice que los niños nacen y viven sus primeros meses tumbados porque no es fácil mantenerse en pié al ver el mundo al que uno llega y en el que tendrá que pasar sus años de vida. Pero no es así. El encuentro con el mundo es tan gradual como el encuentro con uno mismo. Desde el primer momento la conciencia del yo y del mundo van entrelazadas, dependen entre sí, se implican mutuamente, y resulta difícil concebir al mundo como algo distinto e independiente de uno mismo.
Sin embargo, la fantasiosa experiencia del impacto de Alicia al entrar en aquella madriguera resulta interesante. Desde el primer momento, Alicia se abre correctamente al País de las Maravillas. ¿… que “se abre” correctamente? Sí: la actitud con la que se mueve Alicia, el modo como se relaciona con todo aquello, la forma de instalarse en aquel contexto y de entenderse a sí misma… es acertada, es genial, es sabia: tiene conciencia de habitar en un mundo en funcionamiento –anterior a uno mismo-, le mueve un sincero interés por reconocer y aceptar lo que es, el deseo de encontrar el lugar de ella misma, un afán por mantenerse en su puesto, una disposición a reconocer las realidades superiores a uno mismo. Alicia sabe estar. Y este saber estar es la actitud primera del ser humano que se dirige hacia el mundo. De esta actitud vamos a hablar en estas páginas. La palabra ‘respeto’ es muy antigua y ¡se le han dado tantos usos! pero también se le podría llamar así a esta actitud, si se le limpia de algunos sentidos que lo desvirtúan.
El lector del cuento de Lewis Carroll puede encontrar fantasía en muchas de sus páginas, y la hay; pero me gustaría decir –se que es una provocación- que más irreal que un conejo con chaleco y reloj de bolsillo, y que la Oruga y el cerdo… mucho más irreal, lo más irreal del cuento, me parece que es la espontaneidad y facilidad con la que Alicia se relaciona con el nuevo País conocido. Podría haberlo despreciado, o pisoteado, o haberse cohibido, o podría haber impuesto allí las reglas del mundo del que procedía, o tantas otras relaciones desvirtuadas. Sin embargo, Alicia sabe estar, mantiene una correcta relación con aquel mundo, de tú a tú, sin conflictos ni invasiones. Alicia y mundo permanecen en su sitio. Y esto, en la vida real, no es tan fácil. ¿Por qué?
 

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