Sin miedo a la vida, sin miedo a la muerte, Montse Grases

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Sin miedo a la vida, sin miedo a la muerte, Montse Grases

 

PROLOGO

 

 

“La solemnidad de hoy -afirmaba Juan Pablo II en la fiesta de Todos los Santos de 1992- nos ayuda a tomar conciencia de la vocación común a la santidad. No es un hecho casual que entre los santos que la Iglesia venera haya personas de todas las edades, de todos los pueblos y de toda condición social (…).

 

El mundo tiene necesidad urgente -proseguía el Papa- de una ‘primavera de santidad’ que acompañe los esfuerzos de la nueva evangelización, y ofrezca un sentido y un motivo de confianza renovada al hombre de nuestro tiempo, a menudo defraudado por promesas vanas y tentado por el desaliento.

 

Los hijos de la Iglesia están llamados a responder a este desafío mediante un compromiso de santificación serio y diario ‘en las condiciones, ocupaciones o circunstancias de su vida… haciendo manifiesta a todos, incluso en su dedicación a las tareas temporales, la caridad con la que Dios amó al mundo’ (L.G. 41)”.

 

La vida de Montse Grases (1941-1959) constituye una respuesta estimulante a ese desafío del que hablaba el Papa. Su vida santa fue el fruto granado del espíritu y las enseñanzas del Beato Josemaría Escrivá de Balaguer, Fundador del Opus Dei, de la fidelidad de los primeros miembros de la Obra y del ejemplo de sus padres, que pertenecen también a esta institución de la Iglesia. Su existencia no se entendería si la desgajásemos de estas raíces familiares y espirituales.

 

Por esta razón, antes de mostrar su figura, se perfilan en estas páginas algunos trazos del tiempo que le tocó vivir, del ambiente de su familia y del desarrollo del Opus Dei. Al lado de su figura se resaltan otras, como las de Isidoro Zorzano, uno de los primeros miembros del Opus Dei, también en proceso de Beatificación; de María Ignacia García Escobar, una de las primeras mujeres del Opus Dei; de la madre y la hermana del Fundador, Dolores Albás y Carmen Escrivá; de Mons. Alvaro del Portillo, actual Obispo-Prelado del Opus Dei; y de algunos hombres y mujeres de esta institución de la Iglesia, como Juan Jiménez Vargas, Encarnación Ortega o Digna Margarit.

 

Entre las fuentes que he consultado, cobran especial relevancia los testimonios sobre Montse Grases escritos por las personas que la conocieron y trataron más directamente, fechados en su mayoría durante los años 60-62. Muchas de ellas testificaron en el Proceso Informativo para su Causa de Beatificación y Canonización.

 

Me he entrevistado personalmente con muchas de esas personas; he ido engarzando en el texto las antiguas impresiones de esos testigos, y sus valoraciones actuales. He constatado un hecho especialmente relevante: estos hombres y mujeres conservan un recuerdo vivísimo, profundo e indeleble, de la figura de Montse Grases. Los avatares del tiempo, los cambios de mentalidad y de costumbres que han tenido lugar en estos treinta años, no han oscurecido su figura; al contrario: se ha ido engrandeciendo con los años, lo mismo que su devoción privada, y su vida sigue siendo un profundo testimonio de santidad en medio del mundo; un perfil atractivo de vida cristiana; un modelo juvenil, sugerente y profundamente actual.

 

Vaya por delante mi más cordial agradecimiento a todas estas personas por su colaboración, y de un modo muy especial a los padres de la Sierva de Dios. Deseo también expresar mi gratitud a don Benito Badrinas, Vicepostulador de la Causa de Beatificación de Montse Grases, por la atención y facilidades que me han ido proporcionado a lo largo de estos años para la elaboración de este trabajo.

 

 

Madrid, 26 de marzo 1993

 

 

JMCejasMontse.htm

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