VALORES HUMANOS EN ENFERMOS HOSPITALIZADOS

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VALORES HUMANOS EN ENFERMOS HOSPITALIZADOS

INTRODUCCIÓN   Podemos denominar valor a aquello que hace buenas las cosas, aquello por lo que las apreciamos, por lo que son dignas de nuestra atención y deseo.   Las personas valoran las cosas en función de sus circunstancias especiales, puesto que siempre se encuentran en interacción con el mundo que les rodea. (1)   Cuando se trata de prestar cuidados de enfermería, los conocimientos adquiridos a través de las ciencias empíricas son muy importantes, pero es necesario no perder de vista  que los cuidados están guiados por los valores y la experiencia.   El deseo de objetividad se plasma muy bien en la frase  “cuidados basados en la evidencia” pero no podemos perder de vista que en las decisiones relativas a temas de salud se engloban tanto en los hechos clínicos como en los valores.   Los valores se eligen en base al grado de satisfacción/necesidad de la persona, convirtiéndose en el medio óptimo que la conduce hacia su propia autorrealización; valores que adquiere al ejercitarlos repetidamente como experiencia propia y del refuerzo positivo que significa el respaldo social que recibe su forma de actuar. (2)    La Declaración  Universal de los Derechos Humanos, recoge el común sentir de los hombres que reconocen los valores que dignifican y acompañan la existencia de cualquier ser humano. Es necesario conocer esos valores para poder reflexionar e indagar sobre el sentido y la esencia de la condición humana pudiendo de este modo articular un acompañamiento a la altura de la dignidad del ser humano (3). Si como dice Balmes, la perfección de las profesiones depende de la perfección con que se conoce sus objetos, el estudio de los valores del ser humano que es cuidado, se hace absolutamente necesario para el profesional de enfermería porque trata de su objeto fundamental: el ser humano.   Por otro lado, la enfermería no puede separar factores de la estructura social de la salud, el bienestar, la enfermedad o los cuidados de cada cultura porque tienden a relacionarse estrechamente y de forma interdependiente.  Factores de la estructura social, tales como la religión, la política, la cultura, la economía y el parentesco son fuerzas significativas que afectan a la salud, los cuidados y la curación. (4)   Resulta muy esclarecedor el preámbulo del Código Deontológico de la profesión de Enfermería de la Asociación de Enfermeras de Canadá, de 1985, en el que se puede leer  “la práctica de la enfermería puede definirse como una relación de ayuda marcada por el dinamismo y la preocupación por los demás, relación en cuyo interior, la enfermera ayuda al cliente a alcanzar y a conservar el mejor estado de salud posible”. Pero para alcanzar la consecución de los fines hemos de volver la mirada al objeto de nuestro quehacer  y contribuir a lo que se ha dado en llamar “humanización de la atención sanitaria”.   El proceso de la especialización en el ámbito de las Ciencias de la Salud tiene sus virtudes y también su problemática. Por un lado constituye un avance sin precedentes en el estudio y conocimiento de determinados microcosmos, facilitando la resolución de problemas. Pero la tendencia puede desembocar en una pérdida del saber generalista, de la visión de conjunto, es la que Torralba y Torelló ha denominado la mirada macroscópica. El profesional de la salud altamente especializado puede correr el riesgo de perder de vista la consideración de la persona de forma global.   En los contextos sociales en los que hemos realizado el estudio; tanto en Vigo (España) como en Manizales (Colombia) existe una constante burocratización y masificación de nuestros centros asistenciales. Todo ello acarrea problemas, que obedecen a una serie de factores entre los que cabe destacar el sistema sanitario de cada país, y los recursos económicos que se destinan a satisfacer estos, entre otros muchos factores.   La enfermería no es ajena a la problemática que aqueja a nuestra sociedad y que hemos señalado más arriba, es por ello que hemos considerado que sería interesante el estudio de los valores percibidos en los pacientes desde su visión personal, lo que podría ser de gran ayuda para llevar a cabo una reflexión sobre el sentido de la persona en el momento actual estableciendo una comparación entre sociedades diferentes y poder prestar unos cuidados más acorde con lo que nuestros pacientes/clientes esperan de sus cuidadores.   La praxis de la enfermería requiere de un conocimiento integral y global de la persona, por lo que se hace necesario articular el conocimiento sobre el hombre y su circunstancia.   J. L. García (5) afirma que la biomedicina acumula conocimientos sobre la enfermedad del hombre y la forma de combatirla. El saber del paciente es experimental o al menos parte de su mentalidad. Las predisposiciones de los enfermos varían de acuerdo con sus concepciones propias de la salud y de la enfermedad.    Uno de los retos fundamentales en el mundo de la salud es la humanización en el ámbito práctico. El mundo de las ciencias de la salud debe recuperar el trasfondo humanístico para que pueda desarrollar adecuadamente sus objetivos.   En el contexto filosófico actual, el humanismo ha sufrido un proceso de descomposición. Esta decadencia tiene sus efectos en todos los órdenes: ético, estético y político pues las ideas asociadas a la humanidad, como dignidad, libertad, justicia, igualdad, etc. entran en un proceso crítico. El hombre se ha convertido en un sujeto pasivo del engranaje político, social, económico y mediático. En el ámbito sanitario la pérdida de lo humano no es remota, pues abundan los indicios de que en el sistema la estructura es lo importante, quedando el ser humano desplazado a un segundo término. Centrar el cuidado en la persona se fundamenta en el humanismo occidental. Y precisamente por ello, en plena crisis del humanismo se requiere una fundamentación antropológica del mismo, lo cual supone una ardua profundización en lo humano.   La enfermedad supone un cambio en la vida de la persona humana, un cambio o mutación que no se refiere solamente a la estructura somática, sino a su integridad (7).   Desde el punto de vista de la antropología filosófica la enfermedad tiene un profundo valor, pues no se trata de un cambio meramente accidental, sino de una mutación del ser humano de forma que lo altera globalmente, tanto desde un punto de vista interno como externo. Pero el enfermar, en tanto que proceso antropológico, afecta fundamentalmente la interioridad del ser humano, es decir, sus expectativas, sus valores, sus emociones, sus sentimientos más íntimos, su capacidad de argumentar y sus elaboraciones de carácter metafísico. Este aspecto invisible no ha sido completamente percibido desde un enfoque sanitario. Además la enfermedad altera el mundo afectivo y relacional, pues la persona  enferma tiene una visión distinta del otro y un grado de penetración en la intimidad del otro que sólo es posible desde la experiencia del enfermar.

Rodríguez_Valores_enfermos_hospital izados.doc

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