¿Venimos del Mono?

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¿Venimos del Mono?

1.     INTRODUCCIÓN… 2
2.     LAS BASES DEL MAGISTERIO… 5
3.     EL UNIVERSO EN LA NARRACION BIBLICA… 6
4.     PARECIDOS Y DIFERENCIAS DEL RELATO DEL GENESIS CON LOS MITOS DE LOS PUEBLOS VECINOS. 7
5.     EL SIGNIFICADO DE LOS PRIMEROS CAPITULOS DEL GENESIS. 8
6.     ADAN, EVA Y SUS HIJOS. 9
7.     EL ORIGEN DEL HOMBRE. 10
7.1        HISTORIA Y PREHISTORIA. LOS DATOS FÓSILES. 10
7.2        LOS DATOS DE LA BIOLOGÍA MOLECULAR. 13
7.3        LA FORMACIÓN DE ESPECIES.. 21
7.4        ¿COMO APARECIÓ EL PRIMER HOMBRE?. 24
8.     CONCLUSIONES. 26
8.1        LO ESPECíFICAMENTE HUMANO. 26
8.1.1    Industrias líticas. 29
8.1.2    Organización social. 31
8.2        CONCLUSIÓN TEOLÓGICA. 32
 
1.                 INTRODUCCIÓN
En los últimos años se han multiplicado el número de descubrimientos fósiles relacionados con el origen del hombre. En España se han seguido con gran atención debido a que algunos de esos hallazgos han tenido lugar en la Península Ibérica. El más importante es precisamente el llamado “Hombre de Atapuerca” que, en abundancia de restos óseos, supera a todos los demás juntos[1].
Estos descubrimientos han contribuido a avivar un tema ya de por sí polémico: muchas personas, sobre todo alumnos adolescentes, se plantean dudas sobre cómo compaginar lo que aprenden en las clases de Religión sobre la Creación y lo que les explican en Ciencias Naturales, principalmente en lo que se refiere al origen y prehistoria del hombre.
A pesar de que la solución a estos problemas ha sido clarificada hace ya mucho tiempo por el Magisterio de la Iglesia, que es quien interpreta auténticamente las Sagradas Escrituras, sus enseñanzas no han llegado al gran público, y los alumnos no encuentran respuestas claras de sus padres o profesores.
Son frecuentes preguntas como estas: “¿Es verdad lo que dice el Génesis?”, “¿De dónde salieron nuestros Primeros Padres?”, “¿Cómo es posible que Caín fuera agricultor y Abel ganadero si, durante mucho tiempo, el hombre prehistórico no conoció ni la agricultura ni la ganadería?”… o, la más común: ¿venimos del mono?
La ciencia experimental y la filosofía son saberes que se complementan. Son como dos caminos paralelos que no se cruzan, pero que se iluminan mutuamente. A primera vista, parece que los avances de la ciencia, al desvelar los mecanismos de la naturaleza, eliminan la admiración ante ella. Sin embargo, los nuevos hallazgos A primera vista, parece que los avances de la ciencia, al desvelar los mecanismos de la naturaleza, eliminan la admiración ante ella. Sin embargo, los nuevos hallazgos no suprimen el asombro de los científicos.
Para comprender mejor las causas últimas del orden existente en el universo y la sorprendente singularidad del hombre, es muy útil conocer básicamente el estado actual de las ciencias experimentales sobre estas cuestiones.
“La cuestión sobre los orígenes del mundo y del hombre es objeto de numerosas investigaciones científicas y ha enriquecido magníficamente nuestros conocimientos sobre la edad y las dimensiones del cosmos, el devenir de las formas vivientes, la aparición del hombre (…)” (Catecismo de la Iglesia Católica, n.283).
“El gran interés que despiertan estas investigaciones está fuertemente estimulado por una cuestión de otro orden, y que supera el dominio propio de las ciencias naturales. No se trata sólo de saber cuándo y cómo ha surgido materialmente el cosmos, ni cuándo apareció el hombre, sino más bien de descubrir cuál es el sentido de tal origen: si está gobernado por el azar, un destino ciego, una necesidad anónima, o bien por un Ser transcendente, inteligente y bueno, llamado Dios (…)” (Catecismo de la Iglesia Católica n.284, cf. también n.285). Es decir: la búsqueda de las últimas causas —filosofía— nos lleva a querer conocer mejor lo concreto —ciencia experimental—, y viceversa. Ambos saberes se iluminan mútuamente, pero no se pueden mezclar, porque los métodos que utilizan para llegar a sus conclusiones son distintos.
La ciencia experimental ha conseguido grandes logros pero, por su propio método, sólo puede experimentar con la materia. Sin embargo, no son pocos los científicos que, aunque pretenden hacer sólo ciencia experimental, se salen del ámbito propio de esa ciencia, y hacen abstracciones, propias de la filosofía, como si se derivaran directamente de sus datos experimentales.
Es el caso, por ejemplo, de los autores del famoso libro sobre los descubrimientos de Atapuerca “La especie elegida”[2]: al principio y al final del libro, se salen un poco de su campo; he aquí algunos ejemplos:
Cuando dicen “A diferencia de la selección artificial que el hombre lentamente efectúa con animales y plantas, potenciando determinadas características para mejorar su productividad, la selección natural no persigue ningún objetivo”. Según esto “todas las especies (incluida la nuestra) son igualmente perfectas”. Esto es cierto relativamente por que si, como ellos piensan, el hombre es sólo fruto de esa selección natural, al menos en el caso del hombre, esa afirmación es falsa porque, como es evidente, el hombre sí se propone fines —por ejemplo, ellos al escribir su libro—, y esto quiere decir que si la evolución no está finalizada —afirmación que no corresponde al método de la ciencia experimental— al menos ahora sí, porque un producto de la evolución —nosotros— sí se propone fines, y puede influir de muchas maneras en el futuro de la misma evolución. En este sentido podemos comentar su siguiente afirmación:
“Pero quien prefiera imaginar la evolución como una flecha que apunta hacia nosotros desde el principio tendrá que responder de qué oscuras fuerzas internas podrían guiarla en la dirección adecuada, independientemente de lo que suceda a su alrededor. ¿O en realidad se trata de fuerzas que actúan desde más allá del mundo natural? En este último caso nos situaríamos fuera del terreno de la Ciencia, que es el de este libro y el de sus autores”[3].
Es cierto que son respetuosos con otras posturas e intentan mantenerse al margen de discusiones, pero no lo consiguen del todo. Otro claro ejemplo es cuando hablan de posibles leyes que rijan la evolución —tema de actualidad entre los especialistas sobre todo de fuera de España— de las que no son partidarios:
“Para los partidarios de que la Historia de la Vida refleja un programa que se despliega en el tiempo, la evolución sería en cierto modo comparable al proceso del desarrollo que conduce desde el embrión hasta el adulto, obedeciendo leyes preestablecidas (naturales pero que todavía no entendemos bien). Evidentemente, el recurso a fuerzas internas misteriosas, aún por descubrir o indescubribles, siempre estará a disposición de quien quiera dar un significado, un sentido, o un propósito a la Historia de la Vida[4]”.
“Pero si es cierto que hilos invisibles han dirigido la evolución lineal y ordenadamente hasta nosotros desde la noche de los tiempos, ¿qué hacemos entre tanta diversidad de seres vivientes? (…). No se aprecia una escalera hacia ninguna parte, sino un árbol con numerosísinas ramas, y sin ningún tronco o eje principal. La evolución no es lineal, sino divergente”.
Aquí podríamos comentar, por poner sólo un ejemplo, que si científicos como Newton no hubieran buscado esos “hilos” o “leyes” ocultas e invisibles en la naturaleza, hoy nadie habría oído hablar de la Ley de la Gravitación Universal y, probablemente ni los autores de este libro, ni nadie, conocería la posibilidad de hacer ciencia experimental. Está claro que cuando Newton se preguntó si existiría alguna ley por la que los cuerpos se atraen, no lo hacía como científico, sino como hombre que se pregunta por causas no inmediatas ni evidentes a primera vista, es decir, como filósofo: siguiendo el método de la filosofía, que también es una ciencia.
En este sentido son esclarecedoras las siguientes palabras de Juan Pablo II:
“El hombre tiene muchos medios para progresar en el conocimiento de la verdad, de modo que puede hacer cada vez más humana la propia existencia. Entre estos destaca la filosofía, que contribuye directamente a formular la pregunta sobre el sentido de la vida y a trazar la respuesta: ésta, en efecto, se configura como una de las tareas más nobles de la humanidad. El término filosofía según la etimología griega significa «amor a la sabiduría». De hecho, la filosofía nació y se desarrolló desde el momento en que el hombre empezó a interrogarse sobre el por qué de las cosas y su finalidad. De modos y formas diversas, muestra que el deseo de verdad pertenece a la naturaleza misma del hombre. El interrogarse sobre el por qué de las cosas es inherente a su razón, aunque las respuestas que se han ido dando se enmarcan en un horizonte que pone en evidencia la complementariedad de las diferentes culturas en las que vive el hombre (…) La gran incidencia que la filosofía ha tenido en la formación y en el desarrollo de las culturas en Occidente no debe hacernos olvidar el influjo que ha ejercido en los modos de concebir la existencia también en Oriente. En efecto, cada pueblo, posee una sabiduría originaria y autóctona que, como auténtica riqueza de las culturas, tiende a expresarse y a madurar incluso en formas puramente filosóficas. Que esto es verdad lo demuestra el hecho de que una forma básica del saber filosófico, presente hasta nuestros días, es verificable incluso en los postulados en los que se inspiran las diversas legislaciones nacionales e internacionales para regular la vida social[5]”.
“La capacidad especulativa, que es propia de la inteligencia humana, lleva a elaborar, a través de la actividad filosófica, una forma de pensamiento riguroso y a construir así, con la coherencia lógica de las afirmaciones y el carácter orgánico de los contenidos, un saber sistemático. Gracias a este proceso, en diferentes contextos culturales y en diversas épocas, se han alcanzado resultados que han llevado a la elaboración de verdaderos sistemas de pensamiento. Históricamente esto ha provocado a menudo la tentación de identificar una sola corriente con todo el pensamiento filosófico. Pero es evidente que, en estos casos, entra en juego una cierta «soberbia filosófica» que pretende erigir la propia perspectiva incompleta en lectura universal. En realidad, todo sistema filosófico, aun con respeto siempre de su integridad sin instrumentalizaciones, debe reconocer la prioridad del pensar filosófico, en el cual tiene su origen y al cual debe servir de forma coherente[6]”.
Teniendo en cuenta que esto es la filosofía podríamos resolver una cuestión que para los autores de La especie elegida es muy difícil: según dicen “eso que llamamos « inteligencia » es un concepto de difícil definición…”, resulta que para la ciencia experimental es imposible, porque por su propio método, definir conceptos no entra dentro de su campo, pero la filosofía ha dado definiciones satisfactorias de lo que es la inteligencia desde hace, al menos, 2500 años.
 “El hombre —dice el Papa— deseoso de conocer lo verdadero, si aún es capaz de mirar más allá de sí mismo y de levantar la mirada por encima de los propios proyectos, recibe la posibilidad de recuperar la relación auténtica con su vida, siguiendo el camino de la verdad[7]”.
Se trata de ver cómo los datos que se desprenden de la ciencia experimental, en relación con la evolución y el origen del hombre, encajan mejor con una filosofía realista que con otras que han estado en la base de muchas teorías, llamadas científicas, que han intentado llegar a una explicación global de esos datos. Por ejemplo, los datos científicos apoyan la existencia de una parte espiritual en el hombre, la realidad de una naturaleza única y estable que tiende a la sociabilidad humana como algo propio.
estable que tiende a la sociabilidad humana como algo propio.
Hay algo estable y algo cambiante. Concepciones, por ejemplo de tipo hegeliano, han supuesto, más o menos inconscientemente, el olvido de lo que es estable y la extrapolación de lo cambiante a todos los campos del saber, con la consiguiente desaparición de valores permanentes. El hecho de que en el universo se dé una evolución en la materia no significa que todo lo real sea evolución, sin embargo ésta ha sido la concepción dominante en el siglo XX, que se va desmoronando a medida que van apareciendo nuevos datos.

Venimosdelmono.pdb

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