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Memoria de la hermana Lucía
INTRODUCCIÓN A LAS MEMORIAS
DE LA HERMANA LUCÍA
Después de haber presentado las Memorias de Lucía en las
principales lenguas europeas, incluida la española, existía una necesidad
urgente de presentar una edición dirigida a ese inmenso y
admirado mundo de lengua hispana, que puebla las dos Américas.
Esta edición, sin embargo, debía aprovechar las experiencias
editoriales de todas las otras; y, en cuanto posible, superarlas en
perfección en algunos puntos. He aquí los principales.
Para nuestra traducción española sí hemos tenido en cuenta
las anteriores, aun parciales; pero hemos realizado un nuevo intento
de revisión completa y actualizada. La labor estaba facilitada,
ya en gran parte, porque, si ya la sintaxis española y portuguesa,
son tan semejantes, lo son mucho más en la pluma de Lucía, que
había asimilado bien el español, y hasta se deja influir en muchas
ocasiones por sus modalidades linguísticas y fonéticas. Escribiendo
Lucía sus Memorias en España, en Pontevedra y Tuy, hablando
ordinariamente español, ejerciendo un apostolado catequístico
importante entre los rapaces de Tuy, a Lucía se le adhirieron tantos
y tantos españolismos que afloran continuamente en sus escritos.
Pero, precisamente por ello, era necesario poner mucha atención
para que, del entrecruzamiento de las dos lenguas, no resultaran
muchos falsos entendidos, de que no se ven libres las anteriores
traducciones que conocemos. Otras veces, la similitud entre
las lenguas ha engañado a los traductores.
Pero, además de una cuidada traducción, nos hemos empeñado
en una crítica revisión literaria. Nuestra traducción debía ser,
primero, exacta; pero no «rígida»; literal, sí en lo posible; –y esto no
es difícil en la mayor parte de los casos,– pero siempre según el
genio, la flexión y la armonia de la lengua castellana. Debía, sí,
observar las reglas de la propia sintaxis gramatical del castellano;
pero la fidelidad al pensamiento de la Hermana Lucía debía permanecer
intocable.
Creemos haber conseguido nuestro propósito. Y nuestros lectores
de habla hispana, de toda América, pueden tener la certeza
de hallarse ante un texto que reproduce fielmente, en castellano,
los originales manuscritos de Lucía.
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Puesto que la Hermana Lucía, en el período que escribe estos
documentos, entre 1935 y 1941, sólo gradualmente ha ido perfeccionando
su ortografía, su sintaxis y su mismo estilo redaccional, y,
desde luego, su propia caligrafía, es a nosotros a quien hay que
atribuir muchas veces ciertas correcciones en todos esos puntos.
El lector, sin embargo, puede estar seguro de que esas correcciones
han sido hechas precisamente, no para alterar o deformar
en lo más mínimo el pensamiento original de la célebre y respetada
autora, sino precisamente para ponerlo mejor en evidencia.
Hemos de decir lo mismo de las divisiones introducidas y de
sus títulos. La Hermana Lucía, no obstante la grande lucidez, orden
y claridad con que escribe, no se cuidaba, naturalmente, de
división alguna de partes, prólogos, números y epílogos. Pero es
tan nítido, decimos, su pensamiento, observa tal orden lógico y
cronológico en la redacción de estos ya extensos escritos, que
apenas nos hemos tenido que esforzar por encontrar esas divisiones
para darles los títulos convenientes. En cambio, el lector se
halla ante unos escritos diáfanos, llenos de claridad meridiana, que
la vista va recorriendo con facilidad y deleite.
Hemos, sí, añadido algunas notas explicativas, de tipo histórico
o crítico; pero sólo las estrictamente necesarias para que el
lector comprendiera ciertos pasajes difíciles.
Dado el carácter popular de esta edición, finalmente damos
una breve biografía de su autora; y hacemos unas introducciones a
cada Memoria, que la coloquen en su medio histórico, en sus intenciones
profundas, y en su contenido general.