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¿Era normal que tantas mujeres rodearan a Jesús?, Francisco Varo
La actitud y las enseñanzas de Jesús —que
después siguió la primera comunidad cristiana,
como se ve en el libro de los Hechos de los
Apóstoles y en las cartas del Nuevo Testamento—
otorgaban a la mujer una dignidad que contrastaba
con las costumbres del momento.
Aunque hay diferencias entre las clases altas y las
populares, lo común es que la mujer no tuviera un
lugar en la vida pública. Su ámbito era el hogar donde
está sometida al marido: salía poco de casa y cuando
salía lo hacía con el rostro cubierto con un velo y sin
detenerse a hablar con los hombres. El marido podía
darle el libelo de repudio y despedirla. Ciertamente,
todo esto no se aplicaba estrictamente a las mujeres
que, por ejemplo, tenían que trabajar ayudando en las
tareas del campo. Pero aún así, no podían detenerse a
solas con un hombre. Donde se percibe la diferencia
más notable con el varón es, sin embargo, en el plano
religioso: la mujer está sometida a las prohibiciones
de la Ley, pero está liberada de los preceptos (ir a las
peregrinaciones a Jerusalén, recitar diariamente la
Shemá, etc.).